En invierno tu piel también te necesita

Parecía que no iba a llegar nunca pero ¡ya está aquí! Por fin ha llegado el invierno y con él las inclemencias del tiempo. Por ello, es hora de cuidar la piel y prepararla para el frío que nos espera.

Afortunadamente, la concienciación sobre el cuidado de la piel durante la época estival está cada vez más extendida. Sin embargo, no lo está tanto el hecho de que, en invierno, las agresiones son igualmente fuertes y, por ello, debemos extremar el cuidado del rostro también durante estos meses.  Los principales factores que afectan de forma negativa a la piel en invierno son el frío, el viento, la humedad, los cambios bruscos de temperatura ambiental (contrastes de frío y calor) o la sequedad producida por las calefacciones. Y el resultado fundamental de todo esto es la deshidratación, que afecta negativamente a nuestra piel acelerando el envejecimiento o incrementando la sensibilidad cutánea. Por ello, no os descuidéis y tomad nota de los consejos que os damos para tratar vuestra piel en los próximos meses.


Riesgos de cada tipo de piel
Es obvio decir que cada persona es diferente y con ella su tipo de piel. Los dermatólogos aconsejan tratar cada tipo de piel con unos cuidados específicos, por lo que es fundamental saber qué tipo de piel tenemos. Tened en cuenta que no vale de nada aplicar un tratamiento que no sea acorde con nuestras necesidades.
Los cuatro tipos de piel que se conocen comúnmente son: La piel sensible, la seca, la grasa y la mixta. La primera es la que más sufre en invierno y en verano. Se caracteriza por ser muy irritable,  tanto con los cambios de temperatura o las alteraciones climatológicas,  como por el roce con ciertas prendas de vestir. Para las que tengáis este tipo de piel, el cuidado y la hidratación deben ser aún mayores, intentando elegir siempre productos con poder desensibilizante, muy suaves y que, sobre todo, ejerzan un efecto barrera. 
Por su parte, la piel seca suele agrietarse y resecarse con facilidad. En este caso, hay que tener precaución con el aire frío y procurar tener siempre a mano un bálsamo para aplicar cuando notemos que la piel se pone tirante y pierde su sensación de confort. Y por último, aunque la piel grasa aguanta mejor los cambios bruscos de temperatura, tampoco hay que confiarse. Éstas soportarán bien el día con una buena crema hidratante y equilibrante aplicada por la mañana y una loción reparadora por la noche. 
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Manos y labios, los más sensibles
Dos de las partes del cuerpo que están más expuestas en los meses de frío son las manos y los labios. Para las primeras, basta con ponerse unos guantes cada vez que salgamos al aire libre y aplicar crema hidratante de manos cada vez que nos las lavamos y, en general, tantas veces como sea necesario.
Y para los labios lo mejor es usar protectores labiales muy hidratantes y con filtro solar, o bálsamos ricos en vitamina E y otros antioxidantes. Una costumbre poco efectiva,  y que se debe evitar, es humedecer los labios con saliva cuando estén secos. Aunque en un primer momento se pueda sentir alivio, después se produce el efecto rebote, con una irritación y sequedad aún mayores.
Asimismo, aunque en invierno nos encante tomar un baño caliente, no es bueno abusar de ellos ya que dificultan la buena circulación y perjudican la epidermis. Eso sí, siempre que os apetezca disfrutar de un relajante baño, no olvidéis añadir unas gotitas de aceite de almendras o jojoba. La hidratación que os proporcionará será muy beneficiosa para la piel que tanto sufre en invierno. Recordad además que, aunque sea poco apetecible, es bueno terminar el baño con un chorro de agua fría para activar la circulación, sobre todo en las piernas.
¡Y cuidado con el sol! Aunque no lo veamos detrás de las nubes, sus radiaciones siguen siendo peligrosas, afectando negativamente a la salud y la juventud de la piel. La protección solar es una costumbre que no debemos abandonar en ninguna época del año.