La cocina macrobiotica, entre la tendencia y la salud

Como pasa con casi todo, cuando algo se hace popular o se pone de moda acaba por perder su esencia. Las dietas no son ajenas a este fenómeno social de “lo que se lleva” y, por ello, muchas veces, de tanto pasar la noticia de boca en boca, se acaba por no saber qué es cierto y qué no.
Hace un tiempo, empezamos a escuchar la palabra macrobiótica como algo relacionado con la dieta y la forma de tratar los alimentos. En realidad, se trata de una de esas palabras que todo el mundo usa pero poca gente sabe exactamente a qué se refiere. Además, como todas las cosas que vienen de Oriente, esta forma de comer se ha llenado de mitos, rarezas y especulaciones que hacen que, por desconocimiento, se aplique parcialmente o de forma errónea. Entre estas creencias, las más extendidas son que la dieta macrobiótica es adelgazante, produce anemia o es pobre en variedad. Luego veremos porqué estas afirmaciones no son del todo ciertas, aunque es verdad que, como todas las dietas, ésta también tiene sus ventajas y desventajas y no sirve para todo el mundo igual. Pero es una opción que está ahí y que puede ser interesante si sabemos realmente cómo funciona. Entonces, ahora sí, ¿qué es la Macrobiótica?
 

Sus fundamentos y orígenes
La dieta Macrobiótica nació en Japón y se basa en la búsqueda del equilibrio físico y emocional a través de la comida, aunque podríamos decir que es todo un estilo de vida que se aplica a muchas facetas. Pero, para simplificarlo, podemos decir que toda la filosofía macrobiótica gira en torno al concepto del Ying/Yang. Concretamente, consiste en diferenciar alimentos Yang y alimentos Yin y así poder equilibrar lo que comemos, dependiendo de las cantidades que ingiramos de cada uno de los grupos.

En los alimentos Yang incluiríamos los que poseen energía caliente, tonificante y contractiva, tales como cereales, legumbres, pescados o carnes no rojas. Por el contrario, los alimentos Yin serían aquellos de energía fría o dispersante y debilitante, como el azúcar, la miel, los lácteos (leche, quesos y yogures), las frutas (sobre todo las tropicales como plátano, mango, kiwi, papaya, piña…), las verduras, las patatas y también el alcohol. Una de las características de la macrobiótica es que elimina de la dieta todos los productos tratados de manera artificial o refinados, como el azúcar blanco, el pan, los embutidos, los dulces industriales o las bebidas alcohólicas. Es decir, nos permite comer sólo productos naturales sin conservantes, ni pesticidas, ni elementos químicos, e incluye además algas marinas como parte de la dieta habitual, algo que en nuestra cultura gastronómica es difícil de asimilar.

Dependiendo de la forma física, el hemisferio en el que se vive y la estación del año en la que se encuentra cada uno, se puede variar esta dieta. Por ejemplo, en el invierno (Yin) se debe comer lo que puede ser almacenado naturalmente: cereales, alubias, verduras en conserva o con raíces, calabaza, manzana, frutas secas, algas marinas, semillas, etc. Todos esos alimentos son Yang y dan fuerza y calor para que se soporte el frío (Yin). Por otro lado, en el verano (Yang) se debe optar por los alimentos Yin: verduras suculentas, melón, sandía, lácteos etc. Se trata de una clasificación intuitiva basada en la lógica de la naturaleza.

La manera también es importante
La alimentación macrobiótica respeta el principio Yin-Yang en todo momento, desde la elección de los alimentos y la manera de cocinarlos, hasta el orden en el que debemos comerlos (empezar con un alimento Yang y después ingerir un Yin, comer separadamente cada plato, masticar bien…)

Para hacerlo más fácil, un día comiendo de manera macrobiótica sería más o menos así:
– En el desayuno se tomaría una infusión de té muy suave y sin teína, acompañado de con una crema de mijo o de arroz o con un poco de canela y de pasas. O como alternativa a la crema, se pueden tomar galletas de arroz.
– Para la comida podemos preparar una sopa de miso, que es un caldo de verduras con algas y un condimento salado de soja. Y de segundo, un plato combinado de arroz integral hervido con legumbres, seitán o tofu (más conocido como el “queso” de soja). De postre, frutas hervidas tipo compota o gelatinas.
– Y para la cena, sopa o unas verduras al vapor o estofadas.

A simple vista parece un menú aburrido, pero podéis aplicar ciertos aspectos de la dieta macrobiótica a la vuestra si no queréis ser tan estrictos. En este sentido, ya podemos encontrar restaurantes donde se han atrevido a mezclar los productos macrobióticos con la dieta mediterránea. En el SHA Wellness Clinic, clínica del bienestar situada en Altea (Valencia), el chef Pablo Montoro ha encontrado la manera de aplicar esta exótica dieta a la alta cocina. Según sus palabras, “hay que romper con el mito de que no es posible comer sano a la vez que exquisito”. Con esta innovación, Montoro ha creado una autentica revolución gastronómica. Y, como ejemplo de esta combinación entre dietas mediterránea y macrobiótica, ha creado un sabroso gazpacho andaluz que prescinde del tomate y lo sustituye por miso y loto, consiguiendo así un efecto depurativo en nuestro organismo, con alto contenido en fibra, vitamina c y fósforo. Todo ello sin renunciar al sabor de un buen gazpacho. 

Siempre con raciocinio
Pero delicias culinarias aparte, como os hemos comentado antes, todas las dietas, la macrobiótica incluida, pueden tener sus desventajas, sobretodo si se hace un mal uso de ella más que por la dieta en sí misma. En este caso, es importante asesorarnos al máximo por alguien experto. Tened en cuenta que se prescinde de varios alimentos a los que el cuerpo está acostumbrado y se sustituyen por otros que no son muy comunes. Sobre todo, si se va empezar a tomar esta dieta, es importante ir al médico de vez en cuando y hacerse alguna analítica para ver los niveles de Hierro y B12, que son los que más se pueden ver reducidos.

La macrobiótica no trata solo de elegir los alimentos que debemos comer y los que no, sino de una filosofía y modus operandi que lleva detrás todo un estilo de vida acorde. Por eso, además de cambiar la alimentación, también podemos practicar con técnicas de relajación y ejercicio físico, como son el Tai Chi, el yoga o el Siatsu. Esto nos ayudará a equilibrar cuerpo y espíritu que es en definitiva lo que busca la macrobiótica.