Consumir alcohol, ¿se puede o no se puede?

Llega el fin de semana y a todos nos gusta tomarnos una copa o dos… Ya sea un gin tonic en la pista de baile, una botella de vino en una cena romántica o una cervecita en un aperitivo familiar. Lo cierto es que el consumo de alcohol está instalado en nuestra cultura de ocio y es difícil resistirse al placer de una buena copa. Pero, ¿qué consecuencias tiene en nosotros? y ¿Cómo afecta a nuestra belleza?

Son muchos los mitos que acompañan a los efectos del alcohol. Algunos han surgido por intereses de determinados sectores y otros por completa ignorancia sobre el tema. Efectos positivos o negativos sobre la salud, sobre la piel, sobre el apetito sexual… Los mitos son de lo más variado.

El primer y principal consejo que se puede y se debe dar sobre el consumo de alcohol es el de la moderación.  No se trata de tomar la drástica decisión de no tomar una gota de alcohol, sino de hacerlo de manera responsable, tal y como recomiendan las autoridades sanitarias. Se suele establecer que hasta 2-3 bebidas alcohólicas (tipo vino o cerveza) al día para los hombres y 1-2 para las mujeres, no hay efectos significativos y destacables.
Con un consumo responsable y moderado de alcohol no hay que preocuparse de aquellas enfermedades graves que están asociadas al consumo de alcohol, como la gastritis, las cardiopatías o la hipertensión arterial. Estas enfermedades son consecuencia de un consumo masivo e irresponsable de esta sustancia hasta niveles de dependencia y adicción.

Alcohol y piel
El exceso de alcohol o una toma continuada y sostenida en el tiempo tiene efectos sobre la piel. Estos efectos se deben a la repercusión negativa que tiene sobre la Vitamina A. Esta Vitamina es la responsable en nuestro organismo de algunas tareas importantes relacionadas con la piel, tales como la regeneración de las células y ejercer un efecto antioxidante sobre ella.
El alcohol ataca a esta Vitamina reduciendo su cantidad en nuestro organismo y favoreciendo, por tanto, la pérdida de flexibilidad de la piel, aparición de arrugas y líneas finas y piel muerta.
Otro efecto importante sobre nuestra piel es la deshidratación. El alcohol provoca que el organismo mande al hígado y al riñón más sangre de lo habitual dejando al resto del cuerpo con menos sangre de lo adecuado, y eso se refleja en la piel. Siendo muy recomendable consumir grandes dosis de agua tras una noche de excesos con el alcohol.

Alcohol y sexo
El mito en este caso nos conduce a la creencia popular de que la ingesta de alcohol aumenta el deseo y la potencia sexual. Aunque no es del todo cierto. El alcohol es un potente excitante sexual, al menos de deseo, sin embargo sus efectos fisiológicos no acompañan al aumento del deseo.
En el hombre un consumo excesivo de alcohol puede provocar problemas de erección debido a que inhibe el buen funcionamiento del sistema nervioso autónomo, implicado en la respuesta al estímulo sexual.
En la mujer el consumo abusivo del alcohol provoca unos efectos inmediatos de pérdida de sensibilidad que puede restar considerablemente las posibilidades de alcanzar el orgasmo. Y de reducción del placer.