La hija de Adolfo Domínguez, ¡artista!


Tiziana Domínguez, la hija pequeña del diseñador Adolfo Domínguez, ha debutado como pintora en sociedad. La pequeña de la firma, tras pasar por el altar con el canario Juan Verde el pasado 30 de julio, inaugura su primera exposición de pintura: “Ants, horses & other relatives”, un apasionante recorrido por el mundo animal lleno de fuerza y vigor, que tras haber sido expuesto en Madrid viajará por las diferentes sedes de la firma.


A sus tan solo veinticinco años, ha entrado ya a formar parte del departamento de diseño desde el que su padre dirige la empresa, preocupada por el medio ambiente su capacidad creativa no para de idear nuevos proyectos con los que hacer del departamento de responsabilidad social corporativa uno de los buques insignia de la firma.


Adolfo Domínguez nunca fue una empresa tan familiar. Las hijas del modisto gallego han aportado su nueva visión a la empresa llenándola de fuerza y personalidad. Codo con codo, Tiziana y su hermana Adriana Domínguez, la mayor del clan, han llenado el universo del creador con sus renovadores aires.


Cuéntanos Tiziana, ¿qué muestras en tu primera exposición de pintura?
Mi pasión por la doma de caballos marca toda la muestras pero aquí están también las hormigas que inspiraron nuestra colección otoño-invierno, en ellas se puede apreciar mi predilección por los colores vivos y mi manía de mezclaros de cualquier manera, adoro los contrastes vivo.

Me gusta trabajar con las texturas y los relieves, que se note cada gesto y cada golpe de paleta, trabajo con arena que le robo al mar de vez en cuando y me la llevo al estudio. Comencé esculpiendo y después me pasé a la pintura.


¿Cómo surgió tu pasión por el arte?
Fue cosa de mi padre, desde que podía aguantar un lápiz se preocupó por enseñarme a dibujar, nos enseñó a las tres pero en mi vio un talento especial y lo fomentó siempre. Íbamos juntos de museos, me aficionó y yo lo convertí en mi gran pasión.

Mi vida siempre estuvo enfocada al arte, de hecho estudié bellas artes en Inglaterra pero lo dejé porque encasillaban demasiado su enseñanza hacia el arte conceptual y yo no soy una artista conceptual, mi pinturas es pasión, algo completamente emocional, por eso transmite fuerza.


¿Cómo te surge la inspiración?
Pinto más con los pies que con las manos, me pateo todo el estudio, doy vueltas alrededor de los ocho o diez lienzos en los que estoy trabajando en ese momento hasta que sé lo que quiero hacer. Puedo estar hasta tres horas sin dar una sola pincelada. Me gusta trabajar con los materiales y dejarles tomar cuerpo, nunca sé cual será el resultado final cuando empiezo un lienzo.

Tengo el estudio a doscientos metros de casa, en el bosque, trabajar allí es una maravilla.


¿Pintas cuando estás triste o cuando estás alegre?
Es difícil decirlo, quizá más cuando estoy alegre porque melancólica pienso que toda mi pintura es horrible y nada de lo que hago vale para nada, en esos momentos prefiero alejarme del estudio evadirme viendo la obra de aquellos pintores a los que admiro.


¿Cuáles son tus referentes dentro del mundo del arte?
Admiro mucho a Manolo Valdés, Miguel Barceló o Anselm Kiefer.


¿Quién te ha animado a lanzarte a hacer tu primera exposición?
Mi padre, siempre.


¿Confías en su criterio?
Sí, siempre, sin dudas. No creo que sea objetivo pero sí sincero, ha visto mucho arte y no duda nunca en decirme cuando me equivoco.


¿Nerviosa ante este debut en sociedad?
Sí, por supuesto. A mi padre siempre le ha gustado mucho mi pintura y al resto de gente que se la he enseñado también pero eso no es garantía de que al resto del mundo no le vaya a parecer horrible. La pintura para mi es algo muy personal, no se trata de mi profesión, es lo que hago para desconectar.