Siempre firme y perfecto

Es, sin duda, una de las partes del cuerpo que más preocupa a la mujer y que más cuidados específicos requiere para estar en forma. Descubrimos cómo es el pecho, cómo combatir los principales problemas que le afectan: las estrías y la flacidez, qué cambios sufre durante el embarazo y cuáles son las últimas innovaciones en el campo de la cirugía estética.


El pecho tiene una doble función en el cuerpo de la mujer: por un lado tiene la capacidad natural de alimentar al recién nacido y por otro, cumple una importante función estética.

¿Cómo es el pecho?
El tejido glandular y el tejido graso son los dos componentes principales del pecho que, además, está formado por el tejido conjuntivo aunque en menor proporción. Este tejido conjuntivo se encarga de dar firmeza al pecho. El encargado de unir la glándula mamaria con la piel es el conocido como ligamento de Cooper. La inervación del pecho es muy rica y la recibe de los nervios intercostales.

La diferencia en el tamaño del pecho de una mujer está marcada por la cantidad de tejido graso, que también está relacionada con la cantidad de estrógenos que fabrica el cuerpo.
En el interior del pecho se encuentra la glándula mamaria, que está compuesta por los acinos glandulares y los ductos. Los primeros tienen como función producir la leche que alimentará al bebé. Los ductos son un conjunto de estructuras ramificadas que van a dar a los conductos principales que se conocen como conductos galactóforos. Todos estos conductos (suelen ser entre doce y veinte) desembocan en el pezón. Las fibrillas musculares que rodean a estos conductos son muy importantes, pues se encargan de estimular a las células productoras de leche y de crear el movimiento necesario para que esa leche pueda ser adecuadamente succionada por el niño.

Otro de los distintivos fisiológicos del pecho es el pezón. Su pigmentación es más oscura que la del resto de la mama y tiene como función que, a través de él, salga la leche materna.
Los senos también contienen vasos arteriales, venosos (transportan la sangre al cuerpo) y linfáticos (transportan material de desecho y células del sistema inmunitario). Además, es un área con una gran cantidad de terminaciones nerviosas, lo que le hace ser una de las zonas especialmente sensibles del cuerpo.

Evolución natural
Con el paso de la edad varios factores van haciendo que el pecho de la mujer sufra distintas transformaciones. Desde sus primeros días de vida, niños y niñas tienen ya formado el pezón aunque aún no existe el tejido glandular, que empieza a desarrollarse con la llegada de la pubertad, alrededor de los doce años. Durante esta época, al mismo tiempo que se aumenta la talla, el peso y se desarrollan las glándulas sebáceas y sudoríparas, se define y se marca el pecho. Las hormonas (estrógenos, progesterona, hormona del crecimiento) permiten que las mamas aumenten de tamaño y ganen firmeza. Cuando se completa el desarrollo femenino, el pecho ya está preparado para amamantar y una vez al mes, con la llegada de la regla, el pecho sufre cambios en previsión de un posible embarazo.

Entre estos cambios se encuentra el aumento de la tensión en los senos. Según se va cumpliendo años, y si no se cuida adecuadamente esta zona del cuerpo, pueden ir surgiendo problemas como la falta de hidratación que es seguida por la falta de firmeza y las estrías.
Cuando llega la menopausia, los senos comienzan a acusar la flacidez, siendo las hormonas responsables de estos cambios. Es en este momento de su vida cuando la mujer sufre una disminución de los estrógenos y la progesterona.
Los conductos por los que debía circular la leche materna se van haciendo más delgados y el tejido glandular va perdiendo protagonismo en proporción al tejido graso.



Debido al paso del tiempo y a la delicadeza que presenta, el pecho es una de las zonas que requiere más cuidados diarios para mantenerse sano, firme y bello. Los senos de la mujer presentan una dermis más fina de la normal, sin musculatura, y bajo ella se encuentran tejidos adiposos que están sujetos únicamente por la cubierta de piel y, por tanto, ésta pierde fácilmente la elasticidad.

Óptima hidratación del pecho
Para mantener siempre la piel elástica es esencial hidratarla a fondo con los productos específicos para pecho o con cremas con un alto poder de hidratación. Es importantísimo el modo de aplicación, pues el masaje también contribuye a mejorar el aspecto del pecho y es esencial hidratar también la zona del escote, la clavícula y el cuello. La piel de esta zona del cuerpo es muy receptiva a las cremas y lociones, pues se absorben rápidamente consiguiendo que la piel quede luminosa e hidratada. Para aplicar correctamente los productos se deben realizar movimientos suaves, en forma de círculo, alrededor del pecho y siempre de forma ascendente llegando hasta el cuello. Hay que evitar, en la medida de lo posible, la zona de la areola y el pezón pues ahí es donde se encuentran los conductos galactóforos (por los que circula la leche materna) y por tanto es una zona de entrada al organismo de los distintos componentes que incorporan las cremas.

Los beneficios del agua
La hidroterapia es una de las mejores opciones para mantener el busto firme. El agua fría, entorno a los 20o, aplicada con una presión suave consigue tonificar la piel por un efecto de contracción, pues los poros se encogen.
Además, los músculos pectorales se contraen, lo que favorece el endurecimiento de los senos. Por ello, se recomienda aplicar un chorro de agua fría en el pecho tras la ducha.
El agua excesivamente caliente no es recomendable para el busto ya que popicia a que los tejidos del pecho se relajen.

La autoexploración
La autoexploración es un hábito esencial que debe desarrollar toda mujer con una frecuencia mensual. El fin de este gesto es detectar cualquier alteración o anomalía en las mamas para poder tratarlas con tiempo. La autoexploración debe hacerse en la semana posterior a la menstruación, pues en los días anteriores puede que el pecho esté hinchado y ligeramente dolorido. La técnica se basa en la observación y la palpación. Cabe destacar su importancia pues, gracias a la realización de un diagnóstico precoz, un 85% de los casos de cáncer de mama pueden curarse. Ante cualquier rareza como puede ser la presencia de un bulto en el pecho, el dolor prolongado de la mama, el enrojecimiento de la misma o la secreción de líquido del pezón, hay que acudir al ginecólogo para saber si existe algún problema.



Realizar ejercicio físico es uno de los pilares clave para mantener una buena salud y que el cuerpo esté a punto. A la hora de practicar cualquier deporte, la constitución de la mujer exige tomar ciertas precauciones para cuidar y proteger el pecho, ya que éste no se sostiene por ningún músculo, sino que son la piel y los ligamentos los que sujetan las mamas.

Cuestión de protección
No hay que pensar que el deporte es perjudicial para la forma y belleza de los senos, sino que al hacer ejercicio de forma continuada e intensa se recomienda movilizar correctamente las mamas, ya que de no contenerlas se pueden producir pequeños desgarros en los tejidos del pecho y obtener el resultado contrario al que se perseguía. Así, las mujeres deportistas utilizan unos sujetadores específicos para realizar ejercicio físico. Los sostenes de este tipo se caracterizan por ser muy sólidos, con el fin de evitar el movimiento brusco de las mamas y el posible desgarramiento de sus tejidos. Incluso algunas deportistas que realizan actividades especialmente intensas se protegen vendándose y aplastando los pechos.

Deportes beneficiosos
El pecho descansa sobre los músculos pectorales y dorsales que, aunque no se encargan de sostener las mamas, son un importante punto de apoyo, por lo que es fundamental fortalecerlos practicando algún deporte. Los más beneficiosos son: la natación, (sobre todo las modalidades de crol y de espalda), las pesas y el remo. La natación expande la caja torácica y endereza la espalda, levantando el pecho, mientras que las pesas y el remo redondean la forma de los senos. Aunque lo más importante a la hora de practicar cualquier deporte es equiparse correctamente y ser prudente a la hora de realizarlo, conviene recordar que existen una serie de deportes de alto impacto para el pecho, como son el aeróbic, los steps o correr. Todos ellos implican un movimiento en cierta forma brusco para las mamas, que si no se protegen correctamente pueden afectar al tejido de la piel.

Elección del sujetador
El sujetador es uno de los mejores aliados de la mujer y contribuye a aguantar el peso del pecho y a que éste no sufra, por lo que utilizarlos para levantarlos o presionarlos debe ser algo excepcional. Se trata de un elemento que no debe oprimir demasiado, de forma que no haga marcas en la piel, ya sea en los hombros o debajo del pecho. Por eso se aconseja no utilizar siempre el mismo estilo de sujetador todos los días. Durante los meses de embarazo las glándulas mamarias se preparan para cumplir su principal función, que es la secreción de leche. Varias hormonas se ponen en marcha para modificar el pecho y, entre las 5 y 8 semanas, será notorio su aumento de volumen. Además, se observa la aparición de vasos sanguíneos por debajo de la piel, así como un incremento de pigmentación del pezón y de la areola.

Las estrías
En la segunda mitad del embarazo, la elasticidad de la piel requiere una atención especial ya que se incrementa la formación de las estrías por la piel de todo el cuerpo. Aparecen especialmente en el pecho debido al aumento de volumen y peso, y a que la multiplicación de corticoesteroides durante la gestación hace que disminuya la producción de colágeno. En consecuencia, se produce una distensión cutánea que se refleja en las estrías. Para prevenir su excesiva aparición es recomendable darse masajes con un buen producto antiestrías. La moda de llevar la ropa más ceñida y aumentar sin límites los escotes ha provocado en muchas mujeres una gran frustración, incapaces de ponerse prendas en las que se pueda descubrir el tamaño o la forma de sus senos. La cirugía estética da una respuesta a este problema, que en ocasiones se convierte en un complejo insoportable o en un problema de salud, como es el caso del exceso de pecho.

Antes de operarse
Los motivos por los que una mujer entra al quirófano para modificar el aspecto de sus senos normalmente son, bien por una causa estética o porque adolece de molestias físicas. Quienes decidan solucionar estos problemas mediante el bisturí deben de ponerse en manos de los mejores profesionales. Para ello, conviene elegir al cirujano adecuado. Así, es aconsejable informarse de la experiencia del médico y de si está colegiado. Si lo considera necesario, conviene pedir referencias a las asociaciones profesionales y al médico de cabecera. Es necesario, además, comprobar que la clínica cumple con los requisitos que establece el Ministerio de Sanidad y Consumo.

Posibles riesgos
La belleza ha sido objeto de deseo desde que la humanidad existe y, de una u otra manera, la mujer siempre aspira a alcanzarla. Aun así, conviene recordar que las intervenciones quirúrgicas, al igual que el resto de las operaciones, comportan un cierto riesgo. En este caso, existe la posibilidad de que las mamas queden de diferentes tamaños; que se produzca la pérdida o disminución de sensibilidad en alguna zona del pecho o del pezón o, al contrario, que desarrollen hipersensibilidad. También se pueden producir alteraciones en la cicatriz, que requieran un tratamiento adicional corrector después de la cirugía.

La demanda de operaciones de cirugía para aumento de pecho se ha duplicado en la última década en España, según aseguran los expertos.
Se trata de un dato significativo que refleja como cada vez son más las mujeres que deciden modificar su aspecto y, en muchas ocasiones, superar algún complejo que les impedía sentirse ellas mismas. Las tallas de ropa y el canon de estética establecido por la moda y los medios de comunicación son algunos de los factores que potencian estas inseguridades que han encontrado en el bisturí una solución.

En qué consiste
Según las estadísticas de las clínicas de cirugía estética, la operación de aumento de pecho es la segunda intervención más solicitada por las mujeres, después de la liposucción, y se calcula que en el último año se implantaron 20.000 pares de prótesis en España. Son muchas las mujeres que desean cambiar el tamaño y la forma de su pecho, y que entran en el quirófano para conseguirlo. El procedimiento para colocar el implante varía según las necesidades de la persona y su constitución física. La mamoplastia aumentativa consiste en colocar dentro del seno una prótesis, que puede ser redonda, alargada con forma de lágrima y de cubierta lisa o rugosa, con el fin de aumentar el volumen del seno. Esta última suele ser la mejor opción ya que resulta más natural porque el pectoral la oculta y la matiza.

Las mujeres que desean someterse a una reducción de pecho suelen argumentar o bien el motivo estético o, lo que es más común, las secuelas físicas que conlleva cargar con demasiado peso en los senos. Entre otros problemas, la macromastía, es decir, tener un pecho excesivamente grande, suele provocar dolores de hombros, de cuello, de cabeza y de espalda a causa del peso que soporta la columna vertebral.
Además, imposibilita la realización de posturas cotidianas como dormir boca abajo o practicar ciertos deportes. La aparición de estrías o de surcos de pigmentación en las zonas donde roza el sujetador son otras de las consecuencias de tener un pecho grande.

Procedimiento
La operación de reducción requiere una serie de exámenes físicos y la realización de una mamografía para determinar las características físicas de la paciente y decidir el lugar en el que se realizará la incisión y los resultados que se podrán obtener con la intervención. Para conseguir el pecho deseado es necesario elevar la mama, ya que el peso provoca que estén caídas.

Así, la intervención, en la que se aplica una anestesia general, consiste en subir el pezón y la areola hasta el vértice de la nueva posición del seno, reducir el volumen necesario de tejidos y conseguir firmeza y turgencia subiendo, modelando y fijando el contenido restante.
Las incisiones sobre la piel se realizan siguiendo las arrugas naturales de las mamas y en la areola. Además, se hacen dos incisiones más. Una en vertical que va desde el pezón hasta el surco submamario, formando los cortes una T invertida y otra a mayor altura de la areola con forma de cerradura, que es donde se ubicará el nuevo pezón.