¿Has dormido bien?

Desde la Antigüedad se conoce la necesidad de dormir, atribuida al dios griego Hypnos (‘sueño’), hijo de la oscuridad y hermano de la muerte, que ejercía un poder tal que ni los dioses podían sucumbir a él. El sueño sigue investigándose desde diversos campos de la ciencia y algunos autores consideran que sus variantes tienen funciones relacionadas con la puesta a punto de cuerpo y cerebro.

Tan importante es la cantidad como la calidad, y respeto de los ciclos sueño/vigilia. El sueño es un estado caracterizado por una inactividad relativa y una disminución de la respuesta a estímulos externos. Gracias a la monitorización del sueño, se conoce que cada 70-90 minutos se sucede fielmente una fase REM, que suele ser más prolongada en la segunda mitad de la noche. Esta fase se diferencia del estado de vigilia tan solo en la ausencia de tono muscular.

La actividad cerebral y las constantes vitales se encuentran tan activas como en la vigilia. El único movimiento que se registra es el de los ojos, al que se debe precisamente el acrónimo REM (rapid eye movement). Es, además en esta fase, donde tiene lugar la práctica totalidad de la actividad onírica. El sueño no REM comprende las cuatro fases que preceden al REM.

Las dos primeras son de sueño más superficial, si bien tanto el pulso como la respiración y el metabolismo se reducen mucho. Es durante las fases 3 y 4 donde se da el sueño profundo (llamado sueño de ondas lentas -SOL-), sumamente reparador y del que depende el auténtico descanso. Es indiscutible, por tanto, la relevancia del sueño a la hora de mantener un buen equilibrio mental y una reparación adecuada del cuerpo.