Probióticos y prebióticos, ¿por qué?

Cada día llegan al mercado nuevos alimentos que benefician la salud y ayudan a estar mejor por dentro y por fuera. Sus nombres resultan familiares pero, ¿se sabe realmente cómo actúan? El cuerpo humano se defiende de la agresión del medio gracias a un sistema inmune muy bien instruido. La flora normal es ese ejército de bacterias que convive pacíficamente en el organismo, en total simbiosis con él, garantizando su supervivencia a cambio de que lo protejan de los patógenos, por competitividad con ellos, adheriéndose a la pared intestinal y también por el medio que generan a su alrededor.

Son muchos los enemigos que en la actualidad tiene nuestra flora natural. Desde el estrés cotidiano, que mengua las defensas, hasta los hábitos alimentarios cambiantes y, sin lugar a dudas, el abuso de antibióticos.

Desde I. Metchnikoff (Premio Nobel de Medicina, 1907), quien desarrolló las primeras cápsulas de bacterias obtenidas de la fermentación láctica, se han sucedido innumerables investigaciones. Fuller corroboró que, añadiendo los llamados probióticos como suplementos de la dieta, se mejoraba el balance microbiano, ya que llegaban al colon sin ser destruidos por las barreras defensivas.

Los prebióticos son ingredientes alimentarios no digeribles (oligosacáridos e inulina principalmente) de los alimentos, que estimulan el crecimiento y/o la actividad de la flora intestinal. Además de controlar la absorción de las grasas, facilitan también la de las vitaminas, el calcio y los minerales. Se encuentran de manera natural en el trigo, el ajo, la cebolla, los espárragos, el puerro, la remolacha y la alcachofa.