Comer en la oficina

Disponer de poco tiempo a la hora de comer no es motivo suficiente para no llevar una dieta equilibrada. Ya sea en la oficina o en un restaurante, te desvelamos las claves para que la falta de tiempo no sea sinónimo de una mala alimentación.

Los cambios en el estilo de vida, las prisas y las obligaciones actuales hacen que cada vez sean más las personas que se ven obligadas a comer fuera de casa. Estos cambios en los hábitos alimentarios hacia un tipo de comida muy diferente de la que se hace en casa puede poner en peligro el equilibrio de la dieta diaria.

Fácil equilibrio
Cuando se dispone de poco tiempo para comer y se prefiere tomar algo en el mismo lugar de trabajo, hay que evitar tomar el clásico bocadillo o hamburguesa, ya que dietéticamente son desequilibrados, aportan muchas calorías y sacian el apetito por poco tiempo.
Hay algunas alternativas mucho más sanas, fáciles de llevar hasta la oficina y que resultan realmente cómodas de tomar, como por ejemplo: Sandwich vegetal con 2 ó 3 rebanadas de pan integral de centeno, pepino, tomate, germinados de alfalfa o soja, lechuga, cebolla, zanahoria y como aderezo un poco de aceite o mayonesa.
Pechuga de pollo a la plancha, troceada y acompañada con guarnición de distintas verduras hervidas.
Queso con una ensalada de vegetales. Ventresca de bonito servida con pimientos de piquillo de lata o asados.
Una gran ensalada que incluya patatas, guisantes, judías verdes, zanahorias y pepinillos, aliñada con aceite de oliva.

Comer en un restaurante
Otra opción que hay que tener en cuenta es comer en restaurantes. En este caso aplicaremos las siguientes normas:
Pedir de manera expresa que no nos pongan pan, para evitar picar hasta la llegada del primero.
No elegir nunca platos que combinen alimentos ricos en hidratos, como son la pasta, el arroz blanco hervido y las patatas, con carne, huevos o pescado.
Estos últimos sólo pueden combinarse con las ensaladas y/o los vegetales.

No pedir fruta como postre. Es mejor aprovechar para disfrutarla entre horas.
Para beber, solo se debe tomar agua. Si se quiere beber alcohol, ha de hacerse de forma moderada y no mezclar distintos tipos de bebidas alcohólicas y cerveza a lo largo de toda la comida.
Eliminar el azúcar y utilizar en su lugar edulcorantes que sean bajos en calorías.
Evitar consumir platos que cuenten entre sus ingredientes alimentos como leche, chocolate, aguacates, hígado, avellanas y otros tipos de frutos secos.
Abusar de fibras alimentarias con ensaladas, puerros, espárragos, verduras asadas/al vapor, alcachofas con jamón y, en general, todo tipo de vegetales.

Por último, si acudimos a un fast-food, tendremos en cuenta a la hora de pedir:
Escoger la versión “normal o más pequeña” de las diferentes preparaciones, evitando las “grande, maxi, doble”, etc., pues éstas suelen tener una relación calidad-precio muy atractiva.

Incluir ensaladas como complemento (actualmente, la mayoría de establecimientos ofrece gran variedad de ellas) son preferibles como acompañamiento, en lugar de tomarlas fritas.
Una pizza de queso con algo de verdura en forma de salsa de tomate, champiñones y/o cebolla encaja perfectamente en una dieta equilibrada. Es preferible escoger aquellas variedades que no llevan “doble de…”, así como las de pasta fina frente a aquellas que la tienen de mayor grosor.

Las bebidas refrescantes suelen ser muy energéticas, debido a la gran cantidad de azúcares que contienen. Por ello se deberían elegir las versiones “light”.

La alimentación debe ser contemplada y calibrada en su totalidad. Una comida algo desequilibrada no tiene por qué estropear la alimentación diaria, siempre y cuando el resto de las comidas del día compensen las carencias o excesos que dicha ingesta pueda provocar.



Picar entre horas
Si la jornada de trabajo es larga es habitual tener ganas de picar entre horas.
Ello no tiene porque ser negativo pero ha de realizarse evitando productos ricos en grasas y azúcares. Estos tentempies se pueden realizar en casa y llevar cómodamente a la oficina. Algunas ideas saludables para poder picar entre horas sin excederse son:



Rollitos de jamón con queso: untar una loncha de jamón de York con queso ligero tipo Philadelphia, enrollarla, meterla durante una hora en la nevera y cortarla en trozos de 2 ó 3 cm. de largo. Poner un palillo en cada trozo.


Yogur con piña: cortar una rodaja de piña en su jugo en trozos pequeños y mezclar en un cuenco con un yogur desnatado natural o mousse tipo griego.
Montado de queso y mermelada: en una rebanada de pan de molde se unta un quesito (o una sabanita para fundir) y se extiende por encima media cucharadita de mermelada de frutas.


Tomate con orégano: cortar un tomate en rodajas y ponerlo en un plato, salarlo un poco, echar por encima un chorrito de aceite de oliva y espolvorear una cucharadita colmada de orégano y, si se quiere, de alguna otra especia al gusto.


Pinchos de tomate con queso blanco: cortar un tomate en rodajas y luego éstas convertirlas en cuadrados. Salar los trozos y colocar sobre cada uno un trocito de queso fresco o de Burgos.


Barritas de zanahoria: zanahorias pequeñas y tiernas peladas y cortadas a lo largo en barritas. Aguantan bien en la nevera y siempre está a mano.