Lencería, íntima compañía

Algo que debemos tener muy en cuenta, más en estas fechas en las que queremos lucir espléndidas, es que el cuidado no termina en las prendas “que se ven” sino que debe extenderse hasta nuestra ropa más íntima. Las tendencias también se marcan en la lencería y ésta es, además, una de nuestras mejores aliadas.


Historia y evolución


Actualmente, se puede hablar de avance tecnológico en el mundo de la ropa interior y de prendas inteligentes, que moldean nuestra figura e incrementan la sensación de frescor y comodidad gracias a las fibras y tejidos utilizados. Sin embargo, la historia de la lencería ha atravesado diversas etapas en las que su función ha variado considerablemente.

La ropa íntima no siempre ha servido para aumentar el poder de los encantos femeninos y sacar el lado seductor de toda mujer. En las antiguas civilizaciones, lo que primaba era el sentido práctico y su única función era tapar las zonas pudorosas.

No obstante, hay que señalar que las primeras prendas de lencería de las que se puede hablar en la historia fueron una especie de sujetadores, utilizados por las mujeres de la Creta Minoica, que alzaban los pechos desnudos y se superponían al resto de la indumentaria.

Asimismo, otra de las prendas del mundo clásico era un ceñidor, conocido con el nombre de zóster, que constituía una larga banda de paño, generalmente confeccionada en lino blanco, que envolvía la cintura de la mujer.

Tenía, además, un importante valor simbólico ya que, cuando las jóvenes contraían matrimonio, el marido desataba las bandas como señal de su unión. Una vez casadas, las mujeres cubrían su pecho con otra banda, llamada apodesmo, que solía estar adornada con cintas de todos los colores.

La evolución de la lencería fue lenta y compleja y no cobró de nuevo relevancia hasta entrado el siglo XIX, sobre todo en la Francia napoleónica. En esta época el corsé ocupó un lugar privilegiado entre las mujeres, que descubrieron el poder de la ropa íntima para hacerlas parecer más esbeltas y estilizadas. Lo cierto es que ellas lucían exuberantes y sensuales, pero para ello tenían que soportar una gran cantidad de atuendos debajo de sus vestidos: camisas, pantalones, corsés, cubrecorsés, enaguas… y todos ellos con gran cantidad de encajes, lazos, cintas y bordados.


Después de atravesar el corsé por multitud de fases (postizos, perfeccionadores de busto o la modalidad pechos de limón), por fin llegó el sujetador en 1.930, de la mano de Mary Phelps Jacobs. Esta fecha es, sin lugar a dudas, un hito en el mundo de la lencería.

En los últimos años, las prendas íntimas han evolucionado considerablemente y han surgido más posibilidades para vestirse por dentro que en toda la historia. La industria textil ha puesto en práctica las últimas técnicas para el desarrollo ergonómico del sujetador y proveer, así, de la máxima comodidad en la ropa interior. Por otro lado, tratar de ampliar ópticamente el tamaño de los pechos ha sido una constante en la historia de los sostenes.

Hace unos años por fin se consiguió gracias a la aparición del Wonderbra y, más aún, con la reciente llegada de su modelo Nipples, con más estructura y que, además, marca con descaro los pezones. En este sentido va también lo último de Dim, Silicin Osmos, con un relleno de silicona que se adapta perfectamente a la forma del pecho.
Las braguitas también han experimentado su particular evolución, de los pantalones largos y los calzones hasta media pierna, a los culotes y la llegada del tanga en 1974.

Una de las tendencias actuales más marcadas es tratar de modelar la figura mediante la ropa interior. Uno de los ejemplos son las braguitas mágicas de Curvaciones, que hacen parecer más delgada al instante. Su modelo Plié Control Brief sin costuras, además, corrige la postura de la espalda, alargando el tronco y contribuyendo al tono muscular.
Las firmas de lencería innovan constantemente, aunque también rescatan de nuestros antepasados.

La lana, introducida en Gran Bretaña en 1880 como sustituta de los tejidos habitualmente utilizados en aquella época, como la franela. Con este material intentaban evitar los enfriamientos con gruesas capas en los atuendos interiores. La lana, por ser porosa, también ayudaba a la buena transpiración.
En la misma década apareció la seda como tela predilecta para confeccionar ropa interior.

En cualquier caso, si algo hay que tener en cuenta es que, si para diferentes actividades cotidianas utilizamos diversos estilos de ropa, también debemos adecuar la ropa interior a cada actividad que desarrollemos, en beneficio del atractivo o de la comodidad que requiera el momento. Por la mañana, lo más apropiado son las prendas de algodón en colores vivos que nos infundan energía. Después de un día de movimiento llega la tarde, donde empezamos nuestro momento de ocio, siempre a punto y muy femenina.

Sin prescindir de la comodidad, potenciar la sensualidad es el máximo objetivo de las propuestas de esta temporada. Los bordados y puntillas adornan prendas en multitud, junto con las rayas en diferentes grosores, y los colores son más discretos para poder utilizar ropa más ligera. Entre los tejidos más utilizados están el raso y la seda, con sus respectivas combinaciones.

Al llegar la noche, surgen momentos especiales donde sacaremos las prendas más sofisticadas. El eterno negro brilla más que nunca con estelas de strass, lentejuelas y pedrería.

Sin embargo, el azul tinta es el color en tendencia, sin olvidar tampoco el berenjena, elegantísimo para todas las ocasiones. Lo cierto es que las prendas de noche pueden constituir auténticas joyas. Sin descuidar detalle, los diseñadores de lencería apuestan por estos tesoros para realzar la belleza de la mujer y, así, hacerla brillar aún más.