Elio Berhanyer: “Yo no dejé la pasarela, a mi me echaron”


Tras más de cincuenta años de triunfos en el mundo la moda. Elio Berhanyer cerró en 2008 su imperio, ahora el renombrado modisto vive a caballo entre Madrid y su Córdoba Natal, donde ejerce como catedrático. Con un envidiable estado físico y mental, a sus ochenta y tres años, la moda sigue dándole alegrías más allá de las pasarelas. El primero de los grandes nombres de la moda que cayó, vio desaparecer su marca tras un fondo de inversión. Todavía con asuntos legales pendientes, analiza bajo la voz de la experiencia los devastadores efectos de la crisis sobre el sector. 

-¿Cómo es hoy por hoy su día a día?
-Las mañanas voy ocupado y las tardes más tranquilo, siempre tengo cosas que hacer. Llevo seis años ejerciendo mi cátedra en Córdoba y ahora estoy preparando un maravilloso proyecto en torno al Zurbarán en el que van a participar compañeros míos de Cibeles como David Delfíno, Agatha Ruíz de la Prada. En lo que antiguamente era el hospital de la caridad, que ahora ha sido convertido en museo, se van a exponer los cuadros del pintor junto a nuevas creaciones nuestras inspiradas en ellos que exhibirán bailarinas al son de la música barroca. Vamos a unir por primera vez la pintura a la moda en este maravilloso espectáculo que podrá verse en mayo en Sevilla. La editorial Planeta está preparando un nuevo proyecto para el que acabo de entregar toda una serie de diseños. Estoy preparando un nuevo perfume que se va a llamar “Agua de Mayo”, lo presentaré en mayo en Córdoba.


-¿Cómo se ve el futuro de la moda desde la voz de la experiencia?
-Tenemos un gran problema con la crisis, ha cambiado todo mucho desde la época de la alta costura que yo viví. España ahora mismo no tiene nada más que Prêt-à-porter, hay grandes diseñadores pero la moda no sale fuera y a Cibeles no vienen los compradores, eso es una realidad. La solución pasaría por sacar nuestras colecciones fuera pero el apoyo del gobierno es nulo.


-¿Por qué ha perdido Cibeles su esplendor?
-El gran problema de España es que los gobiernos nunca se han ocupado de la moda, en ese sentido estamos a cien años luz de Francia o Italia, donde la moda es la segunda entrada de divisas. En España solamente hubo esplendor en la época de Franco, luego un desgraciado ministro de Hacienda decidió grabarnos con un impuesto que se llevaba el sesenta por ciento de nuestras ventas y acabamos todos cerrando. No teníamos apoyo ninguno del gobierno, los grandes genios son lo que son gracias a que han triunfado fuera.


-Usted tuvo la oportunidad de marcharse, ¿por qué no lo hizo?
-Porque confiaba en que pudiéramos convertirnos en el tercer país en importancia dentro del mundo de la moda pero me equivoqué. Me he sentido siempre muy español y cuando me di cuenta de que me había equivocado era demasiado tarde. No me arrepiento de nada de lo que he hecho, porque adoro España, soy un enamorado de mi país y viviendo en él conseguí llegar muy alto y vestir a algunas de las mujeres más bellas del mundo.


-Resistió haciendo Prêt-à-porter…
-Sí, fui el único que no se negó a ese cambio. Los años sesenta y setenta fueron extraordinarios, vendíamos nuestras colecciones a todos los almacenes americanos, venían todos los compradores y nos fotografiaban los más grandes fotógrafos. Aquella fue una época maravillosa, vendíamos los originales a Estados Unidos y ellos los reproducía por tallas.
 
 -Y sin embargo su marca desapareció tras una firma de inversión, ¿sigue peleando por ella?
-Sigo metido en abogados y con problemas pero espero que se resuelvan pronto, mi marca vive momentos muy difíciles. La crisis ha afectado a todos pero Elio Benhanyer no se vino a bajo por la crisis, fueron otras cosas las que estaban detrás de todo aquello. Yo no dejé la moda, a mi me echaron.


-¿Le faltaron o le sobraron empresarios?
-Es muy difícil ser empresario y diseñador a la vez, lo he sido durante toda mi vida pero son dos facetas contrapuestas, no es nada fácil hacer compatible la creatividad con lo comercial. Ahora bien, mejor ser las dos cosas que dar con un empresario que te pueda echar abajo todas tus ideas.


-¿Qué hace para mantenerse tan activo y en forma a los ochenta y tres años?
-Trabajar, no perder nunca el interés de crecer, tengo la misma ilusión hoy que cuando empezaba y eso me mantiene con fuerzas. Son ochenta y tres años los que tiene mi cuerpo pero mentalmente soy un chaval de veinticinco. Nunca he perdido el entusiasmo. La cátedra me ha dado mucha vitalidad, el contacto con los jóvenes me mantiene vivo, estoy enseñándoles pero yo también aprendo mucho de ellos.


-¿Cómo ve a las nuevas generaciones?
-La juventud ahora quiere llegar demasiado rápido a las cosas y la vida es una larga escalera que hay que ir subiendo poco a poco. Lo primero que hay que tener es fe en uno mismo, lo demás llega siempre después.


-¿Qué balance hace de estos sesenta y seis años en el mundo de la moda?
-Muy positivo, no tengo ninguna duda de eso.


-A pesar de haberle arrancado lágrimas a menudo…
-Muchas pero sobre todo de alegría, me emociono muy a menudo, es mi forma de ser.


-¿Cómo le gustaría que le recordasen?
-Como un hombre bueno sobre todo, el mayor premio que he podido tener en la vida ha sido notar que la gente me quiere.


-¿Volverá algún día a abrir su taller?
-No, no quiero volver ya a las pasarelas, esa etapa está ya recorrida para mi, ahora la moda tiene para mi nuevos caminos.


-¿Le hubiera gustado que alguno de sus dos hijos siguiera sus pasos?
-Les tenía que haber gustado a ellos, no a mi, he sido siempre muy respetuoso con sus decisiones, es uno mismo quien debe elegir su destino.