Ikebana, el “camino de las flores” para manejar el estrés y la ansiedad

Durante este mes de abril y el próximo mes de mayo, el Centro Abierto Tomillo, perteneciente a la Fundación Tomillo, presenta el taller Ikebana, impartidos por la maestra Eiko Kishi.

Este curso ofrecerá una formación inicial sobre el Ikebana de la Escuela Misho-ryu, destinado a todas las personas principiantes que deseen adquirir conceptos básicos, así como a aquellas que ya hayan participado previamente pero que deseen repasar y profundizar de nuevo sus conocimientos.

Se emplearán para ello diferentes materiales y flores, de forma que los alumnos podrán experimentar y profundizar en la realización de las composiciones mediante el uso de diversas flores en función de la estación.

Hoy en día, el estrés o la ansiedad son enfermedades que de una forma u otra, están azotando a la sociedad. Por este motivo, muchas personas han encontrado en Ikebana, la medicina para encontrar la tranquilidad y la armonía.

La maestra japonesa, Eiko Kishi, profesora desde hace seis años del Centro Abierto Tomillo y vicepresidenta de Ikebana Internacional Spain Castellana Chapter y de la Asociación de Ikebana de España, será quien guiará a sus alumnos en esta técnica milenaria y ayudará a reflejar el estado anímico en cada una de las composiciones y rituales que se lleven a cabo.

¿Qué significa Ikebana?

La palabra “ikebana” significa arte floral japonés. En Japón los arreglos florales han sido cuidadosamente estudiados y desarrollados desde un punto de vista filosófico, además de su importancia estética, de forma que este arte recibe el nombre de “Kado” (camino de las flores). El ikebana trata de mostrar siempre un profundo respeto hacia la naturaleza, y representa su forma fundamental en la composición mediante un triángulo que muestra el equilibrio entre el cielo, la tierra y el hombre. Se trata, por tanto de un arte de gran tradición que refleja tanto conceptos filosóficos vitales, como una gran presencia estética.

La composición floral tiene que formar siempre un triángulo asimétrico que muestra el equilibrio entre el cielo, la tierra y el hombre. Para ello se emplean flores naturales y se complementan con piedras, ramas… pero nunca elementos que el ser humano utilice para comer (como puede ser el trigo). “En Ikebana se enseña como cortar cuidadosamente las flores así como manejar los desechos… Todo con movimientos armónicos, estudiados… que requieren una gran concentración del alumno. En las casas de Japón existe una especie de altar, “tokonoma”, para colocar estas maravillosas composiciones que nunca se emplean como centros decorativos de mesa sino que tiene un significado sagrado”, puntualiza Eiko.

Eiko enseña el Ikebana de la escuela Misho-Ryu (Japón), aunque su destreza no se aprende en un curso sino que lleva años de enseñanza. Se trata por tanto de una parte de gran tradición que refleja tanto conceptos filosóficos del Zen como una gran presencia estética. Y es que la expresión de una composición floral, Ikebana, también refleja el estado interior de la persona que lo ha realizado.