Benicassim, escápate al Mediterráneo

Ya es oficial, el verano tiene las horas contadas y los días en los que nos tostábamos al sol son cada vez más lejanos. Para combatir estos días de hastío te proponemos una escapada mediterránea, concretamente a las playas de Benicassim, que si bien en el mes de agosto son sinónimo de música, de festivales y playas repletas, en esta época puedes disfrutar de la tranquilidad y de los días de descanso que ofrece.

Un paseo por sus Villas
El resplandor de la superficie del Mar Mediterráneo por el sol, el entorno natural que rodea la ciudad y la oferta de descanso lleva siendo reclamo de Benicàssim para los visitantes desde 1887. En esta perla de la castellonense Costa Azahar, puedes trasladarte a la elegante Belle Epoque a través de la ‘Ruta de las Villas’, una propuesta para recorrer y contemplar los majestuosos palacetes que levantaron los enamorados de Benicàssim del siglo XIX. Algunas de estas villas están a la venta o se pueden alquilar, con lo que podrás disfrutar de sus jardines y los paseos que las rodean.

A finales del XIX y principios del XX, un selecto grupo de familias castellonenses y valencianas construyen en esta virginal bahía lo que se conoce como el “Biarritz valenciano”, un conjunto de villas de gran diversidad y riqueza arquitectónicas. Hoy en día, la famosa Ruta de las Villas se divide en dos itinerarios, según la corriente artística predominante en el momento de construcción y el carácter de los residentes originarios.

Así pues, la ruta del “Infierno” debe su nombre a las escandalosas fiestas que se celebraban en las villas de esa zona, mientras que la ruta de la “Corte Celestial” se distinguía por la tranquilidad de sus calles. Ambas zonas quedan separadas por los jardines de Comín, conocidos popularmente como “el Limbo”. Con todo, se registran 51 villas catalogadas, de las cuales 19 están señalizadas. Además, cuatro construcciones poseen un nivel de protección integral.

Gastronomía y Alojamientos

A 500 metros de altitud, en pleno Desierto de las Palmas, rodeado de una colorida arboleda, se encuentra el afamado Restaurante Desierto de las Palmas, donde podrás disfrutar de exquisitos arroces y mariscos en pleno Parque Natural, gozando de unas panorámicas envidiables de la costa y las colinas, gracias a sus extensas cristaleras. Además de toda la lista de arroces, las especialidades son el ‘Siquet de Peix’ o el ‘Mar y Montaña’, plato estrella de la casa, a base de bogavante, conejo y caracoles.

Para alojarte, puedes decantarte por las Termas Marinas El Palasiet, un exquisito complejo de hotel y centro de talasoterapia  ubicado en los antiguos jardines de una villa del siglo XIX, decorado de forma muy original y personal. Su centro wellness es uno de los más modernos de Europa con más de 2.700 metros cuadrados. Ubicado a tan solo 50 metros del Mediterráneo, combina las propiedades terapéuticas del agua marina y elementos como el barro y las algas con otros tratamientos como masajes y electroterapia, siempre bajo supervisión de médicos y especialistas.

Si prefieres un aporte más histórico, puedes escoger el Hotel Voramar. Este tres estrellas es el hotel más antiguo de la localidad. Se ubica al final del Paseo de las Villas y, de hecho, comenzó siendo en 1930 una villa con carácter de casa de baños y restaurante para veraneantes de la playa. Tres años después, se añadieron dos plantas de habitaciones a su estructura. Pero con la Guerra Civil el hotel dejó de funcionar y se convirtió en Hospital de Heridos y, más tarde, en la postguerra, residencia de la Sección Femenina. Por fin, en los años sesenta, con la revolución del turismo extranjero a las playas españolas, volvió a adquirir su función hotelera, añadiendo tres nuevas plantas. ¿Por qué escoger este hotel? No sólo porque cada muro huela a historia, sino porque está ubicado en primerísima línea de playa, justo sobre la arena. Desayunas, comes y cenas mirando al Mediterráneo y a la fina línea dorada que componen sus cinco playas.