A la belleza, por la salud
Última actualización el Viernes 03 de Diciembre de 2010 12:33 Escrito por Marta Robles Jueves 25 de Noviembre de 2010 17:26
Cada vez que me reúno con mis amigas me alaban la delgadez y me miran con cierto recelo la piel, casi como si no fuera mía…Pero lo cierto es que yo, además de una predisposición natural para ser flaca y una buena herencia genética incuestionable, me cuido de manera muy natural.

A saber. Como no me puedo permitir dormir todo lo que necesito, intento echarme alguna siestecita los fines de semana porque aunque los expertos aseguran que el sueño perdido no se recupera, a mí esas horas de sueño fuera de las habituales se me notan, no se si en la cara, pero desde luego sí en el carácter.
Por otra parte, según mi madre, mucho más que a la herencia, debo mi calidad de piel a las manzanas que siempre, desde niña han formado parte de mi dieta. El refrán ingles dice “An apple a day keeps the doctor away” o lo que es lo mismo, una manzana al día mantiene lejos al médico… Y como yo creo que no hay mayor belleza que la salud, está claro que la manzana debe contribuir de manera definitiva a la mía.
Tampoco falta en mi dieta diariamente el tomate un alimento al que antes prácticamente no se le prestaba atención y que ahora se ha convertido en imprescindible porque contiene licopenos, es tremendamente antioxidante e incluso, dicen, previene el cáncer.
A temporadas y cuando noto mis articulaciones “desengrasadas” me tomo un plátano cada día, por lo menos, como rezaba el anuncio de Canarias y en mi casa se utiliza el aceite de oliva prácticamente para todo y se le deja un espacio mínimo a la mantequilla, por mucho que la única que entre en nuestro hogar sea ligera.
En cuanto a los lácteos, los únicos que forman parte de mi vida son los yogures y siempre desnatados. La leche la abandoné de bebé y por fortuna para mí los nutricionistas internacionales han acabado por coincidir en que no es precisamente el mejor alimento para los adultos. Y los yogures, que resultan verdaderamente beneficiosos para la flora intestinal son infinitamente más saludables si se les libera de la grasa, que no hace falta para nada, ni para mejorar su textura.
Otro alimento del que jamás prescindo es de la pasta. De todos los hidratos de carbono es mi preferido, aunque eso no significa que haya renunciado a las legumbres o al arroz, pero casi siempre cocinados con otras verduras y no con carnes, chorizos y pancetas.
Me encanta el chocolate y disfruto enormemente con esa teobromina que contiene y que al liberar endorfinas en el cerebro provoca una extraordinaria sensación de bienestar, pero me he acostumbrado a comerlo cuanto más puro mejor para evitar nuevamente el exceso de grasas saturadas y para evitar incluso el azúcar que según tantos científicos americanos es un absoluto veneno casi para todo. Por eso no la tomo nunca más que en los bizcochos caseros -o cuando ¡Dios, no lo puedo evitar! me mato a comer ositos de goma- y estoy intentando ver si es posible sustituirla también en ese caso por sirope de ágave un producto completamente natural que me recomendaron en el herbolario, que endulza tanto o más que el azúcar o las sacarinas y otros edulcorantes, pero que carece de sus efectos nocivos.
¿Más cosas? Pues sí. Como carne, pero procuro tomar más carne blanca que roja, para evitar el colesterol intento tomar pescado todo lo que puedo, -aunque no lo consigo tanto como quisiera porque no me gusta demasiado y tengo que complementarlo con cápsulas de Omega 3- y cuando me lo puedo permitir me doy un capricho de marisco que me va fatal al bolsillo pero fenomenal al paladar y también a la mente, según cuentan los expertos.
O sea que, estoy bien, porque lo estoy, pero también, porque me cuido y me lo merezco. A ver si no porque iba a hacer pilates dos horas a la semana cuando no tengo tiempo ni para respirar.







