Amores de verano
Última actualización el Lunes 11 de Julio de 2011 12:50 Escrito por Marta Robles Lunes 11 de Julio de 2011 12:27
Hace unos días le pregunté a mi hijo de quince años por su novia, su chica o lo que fuera esa niña tan mona con la que soñaba en los últimos tiempos y no dudó ni un segundo en contestarme con rotundidad: “Hemos cortado, mami. Entenderás que en verano no se puede tener novia”.
Ignorante de mí, desconocía, francamente, que los compromisos no se pueden mantener en la distancia más allá de un mes. No quise explicarle que hay un bolero que reza “dicen que la distancia es el olvido, pero yo no concibo esa razón…” porque me iba a tachar de “carca” y no está una preparada mentalmente para sentirse tan alejada del mundo adolescente.
Y además luego, al recapacitar sobre lo que me había dicho pensé: “Si tiene más razón que un santo, el pobre. Ahora vive el verano sin culpas ni complejos y a la vuelta, si el amor ha resistido se retoma y punto”. En realidad hay que permanecer abierto a las nuevas propuestas de la sociedad, las que batallan contra el orden social establecido, que al final todo lo corrompe.
Tal vez las parejas fueran más felices, sobre todo en verano, si separadas no hubieran de guardarse fidelidad. E incluso, tal vez, la fidelidad no es tan importante si se sigue manteniendo la lealtad. Lo ha contado hasta la saciedad Nuria Roca, que sostiene que esa es la base del éxito de su matrimonio, aunque no explicita, ni falta que hace, si entre ellos ha existido infidelidad o no.
Y lo cierto es que esta idea también se recoge en un curioso libro titulado “Un pequeño problema”, de Ana Viladomiu en el que la protagonista descubre, casi por casualidad, que la fidelidad no tenía la importancia que le había estado dando durante toda la vida.
A mi, la verdad, todo esto me pilla mayor. Quiero decir que cambiar de principios ahora no me apetecería en absoluto; pero entiendo que soy una privilegiada que, trece años después, no se ha aburrido de su marido, sigue enamorada de él y está deseando que lleguen las vacaciones para compartir más horas del día con la familia.
Pero en esos matrimonios donde la pasión camina por un alambre haciendo equilibrios y más que disfrutarse el verano, se sufre, a lo mejor no venía mal la opción de alguna breve separación, algo de aire nuevo en la pareja y la recuperación de ese sentimiento maravilloso de que el de al lado no sólo no es de uno, sino que se puede ir cuando menos se lo espera el otro.
Son muchos los amores de verano que no son más que la espuma de la ola y muchos los matrimonios que en verano extinguen la ultima llamita de su amor.
No hay recetas infalibles para que unos u otros duren más o tengan más o menos importancia, pero si un consejo de alguien que sabe mucho del pensamiento y específicamente del de las parejas: “una pareja sólo dura si quienes la conforman piensan todos los días que se puede romper”.
Sólo así, naturalmente, los dos la cuidarán hora tras hora para que no se rompa y buscaran sus fórmulas adecuadas para conseguirlo. ¿Qué es liberándose de los compromisos en la distancia? Pues mira, es una opción.
¿Qué es apostando por la infidelidad? Pues habrá quien crea que es otra. Lo que es seguro es que los amores que sobreviven al verano se hacen mucho más fuertes en invierno, que es cuando viene el frío y las almas necesitan darse calor.
MARTA ROBLES







