En busca de la felicidad
Última actualización el Viernes 15 de Abril de 2011 16:13 Escrito por Marta Robles Viernes 15 de Abril de 2011 15:58
En el último mes me he hecho una rotura fibrilar y luego otra, he estado al borde de un ataque de ansiedad y me he llenado la cara de granos… ¿Casualidad? Yo creo que no, es una mezcla de estrés e infelicidad.¿Infelicidad? Dirán algunos que me conocen y saben que gozo de una maravillosa familia, unos buenos amigos y un trabajo que me apasiona. Pues sí, infelicidad por la falta de inteligencia emocional, que hace que no consiga ser todo lo positiva que debería. Es mi caso, sí, pero también el de otras muchas personas, que no saben sacarle todo el jugo a la vida. Uno de los grandes problemas para no conseguir ser feliz es el de estar demasiado pendiente del pasado y del futuro: “El futuro nos tortura, el pasado nos encadena y es por eso por lo que no sabemos vivir el presente”. Lo decía Baudelaire y es irrebatible.
En todo caso, la felicidad no es un don con el que se nace sino una emoción que se consigue, a veces, gracias a pequeños esfuerzos. Por ejemplo, la sonrisa. No es exactamente una receta para ser feliz, pero al igual que la voz sale mucho más amable en la radio cuando se sonríe, una sonrisa llama a la de los demás y también a la felicidad.
Esperar grandes cosas de la vida, en vez de pensar que “Dios está en los pequeños detalles”, como decía Mies Van der Rohe es otro gran error que nos hace sentirnos insatisfechos. Disfrutar del momento, de la compañía, de un acceso de buen humor o simplemente del buen tiempo es construir nuestra felicidad y la de nuestro entorno.

Desgraciadamente, no todo el mundo tiene la misma capacidad para ser feliz. Hay personas que han nacido positivas y que, gracias a esa positividad, son capaces de gozar cada instante de su existencia; y hay otras negativas a las que sacarle partido incluso a los grandes éxitos de sus vidas les cuesta un enorme esfuerzo.
En todo caso, hay que recordar que Aristóteles decía que la virtud no es una característica de nuestra personalidad, sino algo que no tenemos en ella y que luchamos por conseguir.
Si uno es generoso de natural, no será virtuoso por sus actos de generosidad y, si uno es optimista de nacimiento, no se le señalará como virtud el serlo…¡pero seguramente se le envidiará, por todo lo que supone para sí mismo y para los que comparten la vida con él!
No es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita y no es más feliz el que más cosas consigue, sino el que disfruta cada una de las que le llega.
Ya estamos en primavera, el campo está verde y el olor de las flores inunda nuestro espacio. La gente se lanza a la calle y las conversaciones se suceden en las terrazas… ¿No son motivos suficientes para ser feliz? Al menos lo son para intentarlo.
Está en mi lista de propósitos para los próximos días, que me he jurado que serán infinitamente mejores a los anteriores.







