¿Solteros o casados?
Última actualización el Viernes 03 de Diciembre de 2010 12:35 Escrito por Marta Robles Jueves 25 de Febrero de 2010 16:01
Si en el siglo pasado ser soltero –y más aún soltera- era humillante y casi delictivo pasados los treinta, ahora hay quien piensa que es el mejor estado del hombre y la mujer. De hecho, incluso los que tienen pareja, se apuntan a una costumbre recién importada de América que se conoce como el fenómeno Dink o lo que es lo mismo, hacer la vida junto a alguien que no quiere tener hijos y sí dos sueldos: Double income no kids (doble sueldo sin niños). 
Lo cierto es que la vida esta hecha ahora mismo para vivirla sin demasiados compromisos, por eso los chicos huyen de ellos y a las chicas no les importa que lo hagan, porque ya tienen sus propias economías y su propia autonomía para estar solas el tiempo que haga falta. Por eso la publicidad se mira en el espejo de los solteros, los restaurantes proponen menús especiales a precios ajustados para los grupos de amigos o amigas que salen por su cuenta a divertirse y hasta hay obras de teatro como el monólogo Singles, que interpreta Toni Moog, dirigido por Santi Millán –que sí, lo siento, que él sí está casado- y en el que deja claro, a través de la provocación de una carcajada constante, que quien no está soltero es un pobre desgraciado.
Hombre pues no tanto, dirán algunos casados y felices entre los que me encuentro. Y es cierto, la vida familiar sana tiene sus compensaciones… Pero ¿nos acordamos los comprometidos hasta el tuétano de lo que era salir a cenar sin estar pendientes de la hora de vuelta? ¿De lo que era poder preparar un viaje hasta a Tombuctú sin tener que preguntarle antes si podremos hacerlo a nuestra madre o a la cuidadora de los niños?
El compromiso cambia la vida y la hace más estable y más fácil de vivir. Pero le roba el riesgo y la provocación del día a día. Y mucho más cuando se tienen hijos. Por eso, he pensado que nosotros, los casados, debemos hacer un ejercicio para sentirnos como solteros. ¿Cómo? Saliendo a cenar o a tomar una copa una vez a la semana, aunque debamos reducir en otros gastos para poder pagar a la canguro, volviendo a ver películas de mayores aunque en alguna ocasión eso le cueste a nuestros niños no ver alguna de las de Disney o pensando que nuestra pareja, por mucho que lo creamos, puede no ser para toda la vida… Y valorando que sí, que nos gustaría vivir como los solteros, pero sin perder, jamás, nuestra fortuna más preciada: La de tener un compañero de viaje con quien compartir la travesía de la vida aunque haya oleaje.







