La Maldición

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Se casa el  que dicen que es príncipe más chic del mundo mundial, que no es otro que Alberto de Mónaco.

Con lo pequeño que es el principado de este príncipe, y con el aspecto de sapo que se le ha quedado con el paso de los años, es increíble el interés que sigue despertando él y su boda con la nadadora de nombre impronunciable y espaldas infinitas….

Pero por otra parte, algo de lógica tiene, porque los príncipes monegascos están hechos de otra pasta y  su historia, aunque a veces parece de cuento, por eso de moverse entre los límites de las ilegalidades dinerarias, las bambalinas del casino más  elegante del mundo y el recuerdo de la actriz/princesa más rubia y brillante del universo, se escribe con T, de tragedia.

Cuenta la leyenda que la mala suerte de este en pedazo de tierra de millonarios controlado por la dinastía Grimaldi desde 1297 comenzó en el siglo XIX cuando el mismísimo Príncipe Rainiero I dejó plantada a una amante gitana. La mujer, despechada le lanzó la maldición siguiente maldición: “Ningún Grimaldi, a partir de ahora, encontrará la felicidad en el matrimonio”.

Nadie le hizo caso, naturalmente, ni creyó nada, pero el tal Rainiero I apareció misteriosamente despedazado una noche de tormenta…Su sucesor murió envenenado, el matrimonio de los padres de Rainiero III –de quien se dice que era hijo ilegítimo- termino en divorcio y el mismo enviudó cuando su princesa Gracia falleció en un accidente de coche, cuyas circunstancias nunca han llegado a desvelarse del todo.

¡Y que decir de sus hijos! Carolina tuvo que casarse con un play boy con quien la fotografiaron en pleno acto sexual en la cubierta de un barco –Phillippe Junot-y más tarde, como era de esperar se divorció; posteriormente se casó con el aristócrata y millonario Stefano Casiraghi, que murió en un accidente de lancha rápida y finalmente contrajo matrimonio con el príncipe Ernesto de Hannover, bebedor impenitente y malhumorado constante que nunca ha parecido hacerle la existencia nada fácil.

En cuanto a la princesa Estefanía, tras protagonizar diversos escándalos y romances con varios actores y deportistas y hasta con un domador de leones, acabó contrayendo matrimonio con uno de sus guardaespaldas y abandonándolo posteriormente, cuando fue descubierto manteniendo relaciones sexuales a la vista de todos con una joven belga, para entablar relación con otro guardaespaldas más. Tiene dos hijos del primero y una hija del segundo y ambas uniones acabaron por romperse.

Y en cuanto al príncipe heredero, ¿qué decir? Se le ha relacionado con todo quisque, Ana Obregón incluida –dicho sólo por ella, eso sí- tiene dos hijos reconocidos de relaciones pasajeras y en numerosas ocasiones se le ha tachado de gay. Se casa a los cincuenta y dos años y, según dicen las malas lenguas, lo hace no por amor, sino exclusivamente para que perdure el principado.

Así las cosas, no parece, realmente, que desde los tiempos de aquella gitana, el matrimonio haya sido sinónimo de felicidad entre la real familia monegasca…Ni que vaya a serlo tampoco en el próximo enlace que tantas páginas de papel couché va a ocupar…¡Como para no creer en las maldiciones!
Fotografía de Gabriela Tarascón.
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