Los secretos de mi dieta

Atención, se abre en una ventana nueva. PDFImprimirCorreo electrónico
AddThis Social Bookmark Button
Son muchas las amigas que me preguntan constantemente que cómo es posible que me conserve delgada tres hijos después y habiendo pasado los cuarenta.

Y más que preguntármelo, me someten a un tercer grado y casi de manera violenta, aquéllas que suelen empezar una dieta nueva cada semana  -y dejarla a los tres días- y sufren una terrible enfermedad de nuestros días llamada sobrepeso. (Realmente el sobrepeso es una enfermedad que afecta a nuestros huesos, a nuestro corazón y a nuestro carácter y que no podemos dejar de tomarnos en serio.)

Por eso he decidido confesarlo todo hoy, aunque estoy segura de que lo que cuento, se lo dicta el sentido común a muchas de ellas, aunque no le hagan ni puñetero caso.

Porque, sí, es cierto que yo tengo una genética envidiable, pero también me cuido tooodo lo que puedo.

Para empezar y sin obsesiones, me peso todos los días. Y en cuanto observo un aumento consolidado de más de una semana tomo las medidas oportunas.

¿Cuáles? Nada como conocer el propio cuerpo: el mío se mete en cintura si le borro los hidratos de carbono durante algunos días.

Pero la verdad, es que salvo en esas temporadas que yo llamo de compensación, intento hacer una dieta equilibrada a diario. Es decir que como un poco de todo, pero en pequeñas raciones, a lo largo del día y, por la noche, a menos que tenga un compromiso, en cuyo caso me olvido de todo, intento cenar lejos de mi hora de dormir un menú muy ligero, en el que no suele caber más de una ensalada y un yogur o algo parecido.

Pero vayamos por partes, ¿en qué consiste esa dieta equilibrada de la que hablo?.
 
Para mí es fundamental tomar fruta por la mañana: me aporta vitaminas, antioxidantes y, además, como siempre comienzo por los kiwis, me ayuda a mantener a raya mi actividad intestinal; también necesito proteína y, por eso, siempre incluyo un poco de jamón de york o pavo en mi menú matinal, acompañado por pan integral, que me sienta infinitamente mejor que el normal y engorda mucho menos.

A mediodía como un poco de todo: hidratos, proteínas, grasas… Pero primero, siempre intento que las grasas no sean excesivas, segundo, trato de no mezclar proteínas e hidratos y, por último, salvo en contadas excepciones, intento prescindir del pan.  

En cuanto a las bebidas, como me cuesta muchísimo beber agua, pero se que la necesito, la sustituyo por infusiones a lo largo del día;  hasta media tarde, generalmente, opto por el te verde que, además, tiene muchos antioxidantes y, por la noche, para no acabar quedándome en vela, elijo el rooibos, que no tiene teína.

Es cierto que me encanta el vino blanco –que suelo tomar siempre rebajado con hielo- y el champán…, pero no bebo a diario -aunque en alguna cena me pueda ventilar casi una botella yo sola-.

Sólo tengo un vicio del que me cuesta horrores prescindir: las chuches. Durante años me acompañaban a puñados durante mis horas de escritura y ahora, consciente de que mi cuerpo no quema como antes, he conseguido rebajar la cantidad aunque no haya logrado eliminarlas completamente de mi vida.

Una cosa más, complemento mi dieta con dos días a la semana de pilates y dos veces al año me tomo un producto detox que me recomendaron en el herbolario –se llama Drenadepur- que a mí me funciona como un regulador del cuerpo y del peso.

Y que no me pregunten más, porque el resto, lo juro, se lo debo a Dios y a mis padres, claro... Aunque si me dejara, como hacen tantas que se quejan, seguro que les estropeaba visiblemente el trabajo a los tres.
Fotografía de Gabriela Tarascón.
¡Hola! Soy Marta Robles y a partir de ahora, en Wapa, te descubriré todos mis secretos: trucos de belleza, complementos imprescindibles, outlets, restaurantes, hoteles, bares, tiendas, y un sinfín de cosas más, que iré revelando semana a semana. No te lo pierdas, si quieres estar a la última.



 
Publicidad
Ofertas exclusivas El Corte Inglés