QUERER SER OTRA

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No hay nada más patético que todas esas mujeres operadas, requeteoperadas y requeretocadas incapaces de reconocerse en el espejo. El exceso de botox, ácido hialurónico, vitaminas, liftings, liposucciones y no se cuántas cosas más está a la orden del día y supone una terrible enfermedad.

La obsesión por la eterna juventud existe desde que el hombre es hombre, pero el hecho de que ahora se venda la “piedra filosofal” a precios asequibles en institutos de belleza y clínicas de estética hace que sean muchos los que se arriesguen a perder hasta el alma con tal de engañarse delante del espejo.

Aprovechar que vivimos en el siglo XXI para cuidarnos, hacer ejercicio, comer saludablemente e incluso disfrutar de los avances de la ciencia en forma de inyección, o incluso de manera quirúrgica, no es sólo comprensible sino también recomendable. Sucede, sin embargo que son demasiadas las mujeres –y también los hombres- , que en vez de querer estar estupendas para su edad, quieren aparentar que son mucho más jóvenes y eso, además de ser casi imposible, en ocasiones acaba transformándolas en pequeños monstruos idénticos.
 
¿Quén no tiene ya una amiga  -o una madre de amiga- cuyos pómulos hayan engordado de forma estrepitosa o cuyos labios hayan reventado para convertirse en los clónicos de un pato?

Es cierto que hay mucho de irresponsabilidad de profesionales del sector que convencen a sus clientas para que acaben pareciéndose tanto entre sí, que no dejen que se vea la otra que un día fueron ellas mismas…

Pero también hay mucho de voluntad de cada una de ellas de conseguir más y más, cueste lo que cueste. Aquella película de Goldie Hawn, Merryl Streep y Bruce Willis titulada “La muerte os sienta tan bien”, en la que ellas recurrían a un brebaje mágico para no envejecer, dibujaba de alguna manera el paisaje que se puede observar en 2010. De hecho, según me cuentan algunos profesionales del sector, por más que aconsejan a muchas de las mujeres –y hombres, insisto- que aparecen en sus consultas y clínicas que no se rellenen más o que se dejen de operar continuamente, no consiguen nada. Como mucho, que abandonen sus servicios y se los reclamen a algún otro menos purista.

Mi recomendación para cualquier mujer u hombre que desee conservarse bien, pero sin convertirse en una caricatura de si mismo es que coma saludablemente, que beba lo que su cuerpo necesita, que haga el ejercicio adecuado a su edad y que recurra a los tratamientos de belleza pero con la asesoría de profesionales confiables y de verdad.

Y, sobre todo, que no se obsesione con cuestiones tan imposibles de combatir como las arrugas, por ejemplo… Porque una cara sin arrugas es sin duda una cara de muñeco… O por no tener los ojos tan expresivos y brillantes como antaño…Porque con los años lo que tiene que exhalar la mirada es experiencia de vida…O por no tener una piel tan tersa como la de los bebés, porque en la piel se van escribiendo todos los años disfrutados…

Obviamente, si se tiene tiempo y recursos suficientes, es fantástico poder corregirse el ceño fruncido con una pincelada de botox, rellenarse mínimamente las arrugas con ácido hialurónico o tensarse ligeramente la piel con las vitaminas y el silicio e incluso, en un momento dado, hasta es lícito llegar a corregirse el gesto o el complejo a través de una cirugía… Pero todo, hasta el bisturí, tiene que comportar mesura, equilibrio y la convicción total y absoluta de que hay que querer estar bien, pero no querer ser otra.
                                                                          

Fotografía de Gabriela Tarascón.
¡Hola! Soy Marta Robles y a partir de ahora, en Wapa, te descubriré todos mis secretos: trucos de belleza, complementos imprescindibles, outlets, restaurantes, hoteles, bares, tiendas, y un sinfín de cosas más, que iré revelando semana a semana. No te lo pierdas, si quieres estar a la última.



 
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