Sex Friends

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Si en mi anterior columna hablaba de los amores de verano y de cómo mantener a la pareja frente al desgaste del tiempo, ahora voy con otro asunto de sentimientos y plena actualidad, que es el de los amigos con derecho a roce o sex friends. Había un escritor, cuyo nombre no acierto a recordar, que decía que el amor y la amistad se excluyen mutuamente…Pero no dijo nada del sexo.

Como ahora los compromisos no están de moda y hay quien prefiere la relajada vida de la soltería, este asunto de los sex friend –que es más viejo que la tos, por mucho que ahora en Sexo en Nueva York lo acaben de descubrir- es de lo más rentable: No conlleva obligaciones y directamente acaba con esa vieja capacidad de reprochar, inevitable entre las parejas.

“Te quiero pese a tus defectos y mis reproches”, decía Oscar Wilde… Pues los sex friends se quieren, sobre todo porque, pase lo que pase, tienen prohibido contarse los defectos y mucho más aún reprocharse nada.

Hay que diferencia muy bien entre los sex friends y los “pagafantas”. Estos últimos, ya se sabe, son esos incondicionales que aguardan agazapados tras un supuesto sentimiento exclusivamente amistoso, la oportunidad de encontrar un poco de sexo o hasta amor, mientras el objeto de su deseo, que lo sabe invariablemente, los conserva toda la vida al lado, aprovechándose de su devoción y sin contemplar  jamás la más remota posibilidad de acercamiento.
 
Los “pagafantas” difícilmente pueden pasar a la categoría de sex friends… Y los sex friends están contentísimos de pagar la fanta que sea después de ese roce que les viene de perlas. Hasta aquí, parece que todo son ventajas en esta nueva categoría de relación…

Pero, ay, los sentimientos son animales vivos que se saltan todos los obstáculos para crecer y desarrollarse por encima y por debajo de sus amos. ¿Qué puede suceder? Pues que un sex friend, da lo mismo el sexo, llegue a su casa, un día cualquiera, después de un amistoso roce y descubra que el amor se ha colado por sus rendijas y le está haciendo sonar todas esas alertas que se mantenían en off durante ese tiempo de “amistad sexual”.

El sufrimiento del sex friend que se enamora es infinitamente mayor que el de cualquier otro enamorado, porque tiene que ocultar su enamoramiento, disimular sus celos y seguir manteniendo su condición de amigo con la persona a la que ama que, encima –porque Murphy existe-, puede estar, por ejemplo, empezando a enamorarse a su vez de otra persona. 

Dicen que las mujeres ofrecen sexo cuando lo que buscan es amor, mientras que los hombres ofrecen amor, cuando lo que quieren es sexo… Pero en las relaciones en las que el sexo está supuestamente fuera del amor, el riesgo es tanto para unos como para otras, y no necesariamente son ellas las que caen más en la trampa de necesitar un cambio de formato.

Sobre todo, porque ahora que ya las mujeres se pueden deslizar entre las sábanas con la misma facilidad que los hombres, sin que se las considere unas golfas por hacerlo, resulta que son menos proclives a quedarse “enganchadas” a un buen rato de sexo que ellos, animalitos de testosterona, los pobres, difícilmente pueden olvidar.

Cuidado, pues, con los sex friends, másculinos y femeninos, porque aunque algunas veces piensan que su estado es el mejor de todos los posibles e imposibles y que carece de compromisos, rutinas y otros riesgos, tiene sin embargo, el mayor y más doloroso de cuantos existen: acabar en el estadio de los amores no correspondidos y convertirse en un “pagafantas” para siempre jamás.


Marta Robles

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