TRUCOS NAVIDEÑOS

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Hemos llegado a diciembre y además de las luces, los árboles, los belenes, las reuniones familiares y las sonrisas de los niños, llegan también, como siempre esas toneladas de comida que, a poco que nos descuidemos, acaban con los esfuerzos de dieta de todo el año. ¿Qué hacer para que tanta celebración no se nos quede enrollada en las caderas a modo cartuchera? Hay trucos. Por ejemplo, la directora de orquesta Inma Shara que además de ser una de las seis mujeres del mundo que se dedican a lo suyo es una chica guapísima y más delgada que la princesa Letizia –es un decir, claro-, cuenta que para controlar su peso tiene que valerse de una curiosa estratagema: come varias veces al día, sí, pero siempre raciones pequeñas que se sirve en plato de postre. Así, mientras se engaña a sí misma, pensando que está comiendo más, su estómago se va haciendo más pequeño y necesitando menos cantidad de alimento.

Por otra parte, Patricia Barrera, una de las mejores esteticistas con las que me he topado nunca, cuenta que lo que hay que hacer es optar por las bebidas blancas y nunca destiladas y, a ser posibles beberlas acompañadas de un refresco con gas –mejor si es tónica- antes de la comida o la cena correspondiente. ¿Por qué? Pues porque el gas dicen que hincha, sí, pero antes de las comidas sacia y reduce el hambre, así que, si se bebe antes de comer, luego se tiene menos ganas de seguir comiendo. Las estrellas de Hollywood hablan también de las dietas compensatorias, o lo que es lo mismo: hoy como mucho y mañana poco…Aunque lo cierto es que eso suele funcionar mejor en la juventud que en la madurez, cuando cuesta infinitamente más librarse de cada kilo que se gana.

Algo casi indispensable para comer de una manera más racional y equilibrada, sin renunciar, al menos del todo, al placer de los manjares navideños, es comenzar el día comiendo fruta y tratar de evitar los hidratos de carbono hasta la hora de la comida –en donde se optará por los hidratos de carbono lentos, es decir pastas, arroces, legumbres-; dejar de lado el postre o como mucho  probarlo y rechazarlo y, si no se puede resistir sin tomar algo dulce a lo largo del día esperar a media tarde para arrojarse en brazos de la tentación;  después, tratar de cenar ligerito los días que se pueda –mejor carnes blancas que rojas, mejor pescado que carnes blancas, sólo verduras que no sean flatulentas y nada de lechugas que retienen el agua- y por último, disfrutar en las fechas señaladas que, caramba, para eso están. ¡Feliz Navidad!

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