Un buen aliado ante la intolerancia a la lactosa

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La Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) han hablado de los beneficios del yogur para la digestión de la lactosa. Si eres de esas personas que tiene dificultad en la absorción y digestión de este nutriente, ¡no te pierdas su opinión!

Los alimentos ricos en lactosa son principalmente la leche y sus derivados y para digerirlos necesitamos de la lactasa, una enzima que produce el intestino delgado. Un niño la presenta en grandes cantidades pero, por desgracia, se va perdiendo con la edad, llegando a provocar flatulencia, dolor abdominal o hinchazón. Un dato: en España entre un 36 y un 50% de los adultos presentan intolerancia a la lactosa.

Hay dos bacterias que componen el yogur, la lactobacillus bulgaricus y la Streptococcus thermophilus y son las encargadas de que la fermetación láctica sea viable, es decir, capaz de reproducirse y de mantener todas sus características durante los 28 días que dura la vida útil del yogur. El yogur es una leche fermentada en la que los microorganismos se transforman la lactosa ("azucar de la leche") en ácido láctico, lo que da lugar a una reducción del pH y la consiguiente coagulación de las proteínas.

Hay dos tipos de intolerancia a la lactosa. Por un lado, la secundaria que es mayoritaria, transitoria y recuperable. Por otro, la primaria o genética, que se da de forma minoritaria respecto a la anterior, pero es progresiva y permanente.

Así que, en individuos con dificultad para digerir la lactosa, el yogur es mejor tolerado que la leche u otros lácteos, ya que sus bacterias atenúan los síntomas de la intolerancia a la lactosa (llevan una menor cantidad como consecuencia de la fermentación).

Por lo tanto, las personas con dificultad para digerirla, un yogur es el producto lácteo que mejor van a tolerar.

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