Blush” en inglés

Anna tenía algo de razón: no podía controlar su rubor, pero esta afirmación era parcialmente cierta. Lo que no tenía era un control voluntario sobre su rubor, pero eso no significaba que no pudiera tener un control indirecto.

Por último, en la sala de control se descubre un panel que permite trasladar el rubor a otra parte del cuerpo que no es visible, por ejemplo los pies. Juega con ese panel y traslada el enrojecimiento a los pies. Notarás que tus pies se calientan y tu cara se enfría y se relaja. Practica este cambio durante un tiempo e imagina que haces lo mismo con éxito en una situación real.

Esta vez, para mi consejo de biblioterapia, he pensado en varias novelas que tratan del cambio y, en concreto, del cambio de un comportamiento a menudo limitante en la vida de uno.

Psicología del rubor

En la eritrofobia, el rubor afecta principalmente a la cara, concentrándose específicamente en las mejillas. Ante la situación temida, los afectados recurren a estrategias de evitación y muestran un comportamiento típico en determinadas situaciones interpersonales.

Los fármacos que suelen indicarse son las benzodiacepinas, los betabloqueantes, los antidepresivos tricíclicos, los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) y los inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO).

Eritrofobia

Algunas personas no necesitan mucho para sonrojarse: un rayo de sol, un baño caliente, una copa de vino, una salsa picante.  La cara se enciende, se calienta, se pone roja. Según un estudio, hasta 40 millones de personas en el mundo tienen la cara enrojecida. El frío agrava el problema: la piel hormiguea, tira, pica, se vuelve gruesa, seca y áspera al tacto, se descama fácilmente y adquiere un aspecto de “escama de pescado”. Los cambios de temperatura estimulan el vasoespasmo y la aparición de rojeces.Haz tu pregunta a nuestros expertos

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Evitar los cambios de temperaturaCuidado con la transición rápida del frío exterior a los ambientes calefaccionados. Evite las fuentes de calor directas en casa y protéjase con una bufanda y un sombrero cuando salga. Vístase en capas para evitar el sobrecalentamiento y los cambios bruscos de temperatura. Evite también las saunas, las lámparas de bronceado y los baños calientes prolongados.

Ponerse rojo en la cara

Ocurre de repente, en conversaciones de negocios, después de un cumplido o cuando la atención cae de repente sobre nosotros. Pero, ¿por qué la vergüenza nos hace enrojecer las mejillas? ¿Por qué nos sonrojamos cuando queremos pasar desapercibidos? ¿Por qué no podemos controlar esta reacción (como forzar una risa o un mohín)?

La máscara de sangre. Fisiológicamente, nos sonrojamos cuando la adrenalina hace que los capilares que llevan la sangre a la piel se ensanchen. Algunos científicos relacionan esta reacción con un mecanismo de “ataque o huida”: en circunstancias en las que queremos huir o ponernos a la defensiva, acabamos “llevando” nuestra vergüenza directamente a la cara. Pero esto no es suficiente para explicar un mecanismo tan extendido como poco conocido.