ASIMETRÍA, ROTACIÓN O DISMETRÍA DEL BACINO

En el primer caso, el estado de ansiedad se manifiesta mediante señales corporales como aceleración del ritmo cardíaco, sudoración, debilidad o rigidez muscular, falta de aire, etc… . Generalmente, la ansiedad somática surge y acompaña el inicio de la competición, pero se desvanece en pocos minutos y se desvanece de forma natural.

Existen diversos programas de entrenamiento mental que permiten una gestión saludable de la ansiedad, vías y técnicas que pretenden reconducir a un nivel óptimo y positivo aquellas sensaciones, percepciones y pensamientos que a veces se interpretan como señales negativas que desencadenan un estado de ansiedad.

Síntomas de estrés físico

En el pasado, en la literatura científica deportiva, activación y ansiedad se han utilizado indistintamente y en referencia a los aspectos negativos del rendimiento (Kleine, 1990). Por ejemplo, los atletas han informado de la sensación de “asfixia” que experimentan durante el rendimiento y se ha considerado que es el resultado de niveles incontrolados de activación y ansiedad.

Se supone que todos los deportistas alcanzan un rendimiento óptimo dentro de un rango de valores medios en el continuo de niveles de excitación. Si los niveles de excitación son demasiado bajos o demasiado altos, los deportistas experimentarán un bajo rendimiento. Mientras que si el deportista experimenta un nivel moderado de excitación su rendimiento será óptimo.

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Las emociones son un elemento fundamental del deporte y un factor crítico que puede mejorar o dificultar el rendimiento individual y grupal. Experiencias como la victoria, la derrota y la confrontación física hacen del deporte un lugar privilegiado para aprender a escuchar y reconocer emociones como la alegría, la tristeza, la ira y el miedo. Las emociones son, por tanto, un recurso para comprenderse a sí mismo y a los demás y para fundamentar la acción consciente (Hanin, 2003).

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Como sugieren Hanin y Syrja (1995), los procesos emocionales pueden seguir, regular y apoyar la acción deportiva, pero también perturbarla e incluso bloquearla. En particular, las emociones relacionadas con el rendimiento deportivo son un tema central de la investigación en psicología del deporte durante los últimos 50 años (Hanin, 1980; Unestahl, 1986; Vanek y Cratty, 1970).

La emoción coincide, por tanto, con una sensación que suele estar asociada a un acontecimiento concreto y se compone de aspectos de activación fisiológica, expresiones conductuales y mímicas, experimentación consciente y pensamiento relacionado con la sensación experimentada (Izard, 2010).

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La psicología, que en los últimos años ha asumido una posición destacada en el mundo del deporte, tiende sobre todo a tratar de poner de relieve cuáles pueden ser los agentes estresantes de tipo emocional, afectivo y social, no sólo en los deportistas, sino también en los instructores y entrenadores.

Analizaremos, por tanto, los efectos y problemas, tanto desde el punto de vista de los jugadores como de los entrenadores, con el objetivo de proponer soluciones correctas, para conseguir afrontar la competición de forma positiva.

La ansiedad y el estrés se repiten a menudo en el lenguaje moderno, ya que los ritmos a los que estamos sometidos y las continuas tensiones diarias, impiden un poco de ocio y relajación y ponen continuamente a prueba nuestro sistema nervioso.

– Ansiedad de estado competitivo: todo deportista experimenta una gran ansiedad antes de una competición, que se manifiesta tanto a nivel cognitivo (expectativas negativas sobre uno mismo, el resultado de la competición, el propio rendimiento) como somático (cambios físicos a medida que se acerca la competición);

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