CORONAVIRUS – ¡Dile a la gente cerca de ti!

La mayoría de los antibióticos (a excepción de la penicilina) actúan como inhibidores de la síntesis de proteínas, actuando específicamente sobre los componentes responsables de las diferentes etapas. Por lo tanto, hay antibióticos que actúan sobre la transcripción y las distintas etapas de la traducción.

Por el contrario, antibióticos como el cloranfenicol o la estreptomicina, que actúan sobre los ribosomas, que son muy diferentes en procariotas y eucariotas, serán más utilizables en la terapia, ya que son relativamente selectivos para el ribosoma procariota.

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La campaña pretende concienciar a los pacientes de la importancia de no tomar antibióticos para tratar la gripe, las infecciones víricas o los resfriados que no sean de origen bacteriano, de utilizar los antibióticos sólo cuando sean necesarios y bajo prescripción médica, y de seguir cuidadosamente las dosis y el horario del tratamiento para no perjudicar sus efectos.

Población general, con especial referencia a las mujeres (por su papel en el proceso de tratamiento) y a los ancianos, que son más propensos a sufrir polipatologías y, por tanto, reciben más prescripciones de antibióticos.

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En muchos casos, los medicamentos antivirales son análogos de los nucleósidos que engañan al virus para que construya material genético inactivo, impidiendo la construcción de nuevas partículas virales y la replicación dentro de la célula infectada. Otros medicamentos antivirales inhiben las enzimas utilizadas por el virus para ensamblar nuevas partículas virales y salir de la célula, o bloquean la integración del virus en la célula. Una vez más, al igual que ocurre con las bacterias, por cada nuevo fármaco antiviral producido por el ser humano a lo largo del tiempo, se desarrollan cepas virales que han puesto en marcha mecanismos para inactivar o resistir el fármaco.

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Los antibióticos pueden ser fármacos de origen natural o semisintético, producidos como metabolitos secundarios por diversas especies de microorganismos, hongos y actinomicetos, u obtenidos por síntesis química (quimioterapia). Los antibióticos que son capaces de inhibir el crecimiento bacteriano se denominan bacteriostáticos (las bacterias no pueden reproducirse), mientras que si son capaces de matar a los microorganismos, son bactericidas.

Otros antibióticos actúan inhibiendo unas enzimas denominadas topoisomerasas bacterianas, que son necesarias para la duplicación del ADN bacteriano y, por tanto, son bactericidas, es decir, provocan la muerte de la bacteria. Entre ellas se encuentran las quinolonas, como el ácido nalidíxico, la ciprofloxacina y la levofloxacina, muchas de las cuales se utilizan para tratar la cistitis en las mujeres.

Un cuarto mecanismo de acción consiste en la inhibición de la síntesis proteica bacteriana, ya que los antibióticos inhiben la estructura celular responsable de ello, el ribosoma. Entre ellos se encuentran los aminoglucósidos, las tetraciclinas, el cloranfenicol y los macrólidos.