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“Alimento” (o “producto alimenticio”): toda sustancia o producto transformado, parcialmente transformado o sin transformar, destinado a ser ingerido por los seres humanos o con probabilidad razonable de serlo.

No incluye: los piensos; los animales vivos, a menos que estén preparados para su comercialización para el consumo humano; las plantas antes de la cosecha; los productos medicinales; los cosméticos; el tabaco y los productos del tabaco; las sustancias estupefacientes o psicotrópicas; los residuos y los contaminantes”.

Las moléculas de las que se componen los alimentos se convierten en energía, a través de la mediación del ATP, para servir como material para la formación de tejidos biológicos y para catalizar las reacciones químicas dentro del organismo, además de almacenarse y/o convertirse como reserva en otras sustancias.

Hay unas 2.000 especies de plantas que se cultivan para la alimentación[5] La mayor parte de los alimentos vegetales que consume el ser humano, porque sirven de reserva para el desarrollo de la propia planta, son semillas. Entre ellos se encuentran los cereales (como el maíz, el trigo y el arroz) y las legumbres (como las judías, los guisantes y las lentejas). Algunas semillas se utilizan a menudo, exprimiéndolas, para producir aceites, como el de girasol, el de colza y el de sésamo[6].

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En el pabellón belga de la Expo también se consumían productos derivados de los insectos. Las empresarias belgas Sophie y Géraldine Goffard llevaron a Italia pasta fresca y paté elaborado con Tenebrio Molitor (polilla de la harina).

También según la FAO, desde el punto de vista medioambiental, los insectos tienen una alta eficiencia de conversión nutricional, por término medio pueden convertir 2 kg de alimento en 1 kg de masa, mientras que un bovino necesita 8 kg de alimento para producir 1 kg de aumento de peso corporal.

Los investigadores del IZSVe han elaborado dos reseñas en revistas científicas internacionales y una en una revista nacional en las que se destacan los métodos de cocción y la temperatura para eliminar el riesgo de infección (véanse las referencias de las publicaciones en el párrafo final “Más información”).

En ambos casos, las condiciones de cría, en particular la elección del sustrato, tienen una importancia considerable.  Las características del sustrato, de hecho, tienen un impacto muy fuerte en la flora microbiológica de los insectos.

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Las frutas y hortalizas deberían ser los pilares de una dieta saludable y, en la mayoría de los casos, su producción y comercialización tienen un bajo impacto medioambiental. Hay, por supuesto, excepciones: frutas y verduras fácilmente perecederas, que requieren refrigeración constante; productos vinculados a zonas geográficas concretas y comercializados en el otro extremo del mundo con gran derroche de recursos; verduras cultivadas en invernaderos.

Entre los productos animales también encontramos la leche y los productos lácteos que, a pesar de los numerosos bulos pseudocientíficos que siguen circulando, son una excelente fuente de proteínas y calcio. Incluso en este caso el consumo debe ser moderado, de una a dos raciones al día, incluyendo la leche, los productos fermentados como el yogur y el kéfir, y el queso, que debe consumirse con menos frecuencia.

La logística y la distribución también desempeñan un papel importante y podrían permitir tanto reducir las emisiones de CO2 vinculadas al transporte como contener los residuos debidos al deterioro de los alimentos tras la cosecha y a lo largo de la cadena de distribución.

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Con el tiempo, esta salsa se encuentra con la albahaca, que nos llega de la India, y según el curso de las relaciones políticas y comerciales de la República genovesa, también cambia el tipo de queso utilizado.

Pero si pensamos en un risotto, la primera reacción nos hace pensar inmediatamente en el “risotto alla milanese”; amarillo por su azafrán de Aquila, suavizado por la mejor mantequilla, dejado en la onda después de la mantecatura.

Fuera del coro y de la tradición el Risotto di Mare o alla pescatora o como prefiere llamarlo quien lo prepara, ciertamente una preparación turística de los últimos años y bajo cuyo nombre se pueden encontrar auténticas obras maestras o preparaciones para olvidar…

La polenta también se convierte en postre, simplemente frita y azucarada o en preparaciones ya históricas como la Polenta e Osei bergamasca, que recuerda la versión dulce (polenta azucarada cubierta de pasta de almendras y con pájaros de chocolate).

En el frasco, junto con las judías escurridas de su agua de remojo, se pusieron unas hojas de salvia, aceite de AOVE, buena pimienta recién molida y suficiente agua. El proceso de cocción puede durar hasta tres horas, lo que explica que, a falta de hornos, frascos y paciencia, esta guarnición haya desaparecido prácticamente.