Ciobar expiró hace 2 años

En el marco de las tecnologías aplicadas, el campo de estudio y aplicación de la tecnología conservera se sitúa junto a las ramas fundamentales de las industrias agrícolas (industria vinícola, industria láctea, almazaras, etc.).

Conservar significa conocer las causas del deterioro de los alimentos y los factores de crecimiento de los microorganismos, para intentar contrarrestar sus efectos. Esto debe hacerse tanto a nivel de la producción industrial y la comercialización, como a nivel del consumidor final.

Además del valor nutricional, los procesos de conservación también prestan atención al aspecto y al sabor, especialmente en las economías de mercado, donde estos parámetros aportan un valor añadido a los alimentos.

Aunque en la Edad Media la conservación de los alimentos se limitaba a unos pocos procesos en los que intervenían el aire, el hielo, la sal o el humo, en el norte de Europa existían unas salas llamadas nevaie o neveras construidas en piedra para almacenar la nieve.

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Las pérdidas y el desperdicio se producen en todas las etapas, desde la producción primaria hasta el consumo final: las explotaciones agrícolas y los cultivos pueden sufrir enfermedades, plagas o inclemencias del tiempo; los defectos del sistema de transporte pueden causar deterioro y pérdidas; la transformación produce residuos adicionales y algunos alimentos quedan sin vender en la fase de distribución.

La cadena no termina ahí: se calcula que más del 40% del desperdicio se produce en el nivel de consumo final, tanto en los restaurantes como en nuestras cocinas, debido a las porciones excesivas o a la no utilización de los alimentos antes de su fecha de caducidad.

Por otra parte, favorecer los productos locales y de temporada, acortando la cadena de suministro, contribuye a reducir las pérdidas que inevitablemente acompañan al transporte, el almacenamiento y la distribución.

El entorno que nos rodea, nuestro cuerpo, los animales domésticos y los propios alimentos están repletos de microorganismos que -cuando la preparación y el almacenamiento no los tienen en cuenta- pueden proliferar, deteriorando los productos y haciéndolos no aptos para el consumo o, lo que es peor, provocando intoxicaciones o infecciones a quienes los comen. A menudo, la contaminación bacteriana no altera el sabor, el olor, la textura o el color de los alimentos, y sólo cuando aparecen los primeros síntomas de infección se nota su deterioro.

Fecha de caducidad de ciobar

Productos frescos a granel. La limpieza y el orden de la tienda y de su personal es lo primero que hay que comprobar, sobre todo cuando se trata de productos que se venden a granel (pescado, carne, verduras, fruta, pan, etc.). Hay que tener especial cuidado al comprar pescado fresco, que debe presentarse en un mostrador refrigerado, a ser posible sobre una cama de hielo, y protegido de los insectos.

Productos preenvasados. Lea siempre las etiquetas, prestando especial atención a la fecha de caducidad y a las recomendaciones de conservación. No compre envases que no estén intactos, deformados, aplastados o mojados.

Si se descuida esta precaución, los microorganismos patógenos presentes en los alimentos crudos se transferirán a los alimentos cocinados, y como estos últimos no necesitan más cocción, estarán en condiciones óptimas para proliferar y producir sus toxinas hasta su consumo.

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Y como ese “preferiblemente” marca la diferencia, Rose Prince, periodista y autora de libros de alimentación, ha dado a conocer en el Daily Mail sus consejos sobre qué productos no “caducan” y pueden consumirse incluso después del “día x”:

7- ESPECIES Y HARINA: El pimentón y la pimienta pueden durar hasta seis semanas después de la fecha del paquete. Sólo hay que tener cuidado con los llamados “ácaros de la harina”, pequeños insectos que se alimentan de las especias y la harina y que pueden reproducirse con el tiempo.