Casco del caballo

Es una buena idea, sobre todo si es la primera vez que tiene un caballo, pedir a su veterinario que le recomiende un herrador. El recorte y el herraje correctos de los cascos son vitales para la salud general de tu caballo: la cojera o el deterioro del movimiento pueden provocar una serie de problemas duraderos, por lo que es importante que tu herrador sea de confianza.

Los cascos sucios o los que sufren una exposición prolongada a establos sucios, llenos de barro y con bacterias pueden ser propensos a la candidiasis, una infección bacteriana común. Para evitarlo, limpia a fondo los cascos de tu caballo al menos una vez a la semana y asegúrate de que su establo se mantiene limpio y seco.

Los signos de Dedo del Pie Sémico incluyen probablemente una separación en los dedos, que continuará más arriba en la pared del casco si no se trata. Los dedos de los pies pueden ser también un efecto secundario de la Laminitis, por lo que si lo notas, asegúrate de contactar con tu veterinario de inmediato.

En el espíritu de “más vale prevenir que curar”, una dieta rica en fibra es una de las mejores medidas que puede tomar. Mantenga los carbohidratos solubles al mínimo y vigile el peso de su caballo. Un suplemento dietético de biotina también puede ayudar a fortalecer los cascos de tu caballo. Consulta a tu veterinario para obtener más detalles.

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El invierno trae consigo toda una serie de cuidados adicionales necesarios para mantener a los caballos seguros, sanos y cómodos. Sus cascos tienden a crecer más lentamente durante esta época del año y son menos capaces de adaptarse al clima frío y húmedo y al suelo duro y helado. Es responsabilidad del propietario del caballo asegurarse de que está adecuadamente preparado para las condiciones a las que se enfrentará durante los meses de invierno. Además de proporcionar a su caballo el mejor heno y alimento, consultar con su herrador será útil para determinar cuál sería la mejor medida a tomar.

En el caso de los caballos herrados sólo en las patas delanteras, hay que tener en cuenta si su caballo va a tener que superar condiciones accidentadas, ya que la diferencia de tracción entre las patas delanteras y las traseras, especialmente en zonas accidentadas, puede hacer que su caballo resbale con más frecuencia. Foto de Judy Van Put

Otros dispositivos de tracción son los clavos Duratrac o Frost-Rib y los calcetines de arrastre o atornillados. Los clavos Duratrac o Frost-Rib son clavos de herradura especiales para el invierno: tienen cabezas extragrandes en forma de cúpula para proporcionar una tracción extra. Pueden clavarse como los clavos de herradura normales, con seis en cada herradura, o sólo uno en cada lado. A diferencia del Borium o del Drill-Tech, pueden utilizarse con herraduras de aluminio. Como no es necesario soldar o forjar, son rápidos y fáciles y relativamente baratos, y se pueden quitar fácilmente. Estos clavos especiales funcionan mejor para los caballos a los que se les reajustan las herraduras con frecuencia y que tienen cascos fuertes y de excelente calidad. No son una buena opción para los caballos con pies en mal estado, ya que erosionan los agujeros de los clavos en los cascos del caballo, pueden causar podredumbre y pueden hacer que las herraduras se aflojen prematuramente.

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Herrador

En la actualidad, el término Farrier se aplica específicamente a un herrero especializado en herrar caballos, una habilidad que requiere no sólo la capacidad de dar forma y ajustar las herraduras, sino también la capacidad de limpiar, recortar y dar forma a los cascos de un caballo. Cuando el herrador apareció por primera vez en inglés (como ferrour), se refería a alguien que no sólo herraba a los caballos, sino que también les proporcionaba cuidados veterinarios generales. El inglés medio ferrour se tomó prestado de la palabra anglofrancesa de la misma forma, que se refería a un herrero que herraba caballos. Esa palabra deriva del verbo ferrer (“herrar caballos”), que en última instancia puede remontarse al latín ferrum, que significa “hierro”.

Curva de la herradura

Un herrador de caballos es un profesional formado para el cuidado de los pies de los equinos. Posee conocimientos tanto de biología como de anatomía y ha estudiado detenidamente las necesidades fisiológicas y la constitución de los caballos. Muchos de estos especialistas han asistido a la universidad o a algún tipo de institución para prepararse en su campo.

Los herradores de caballos recortan los cascos, herran a los caballos, tratan las lesiones y las deformidades congénitas. Pueden reparar cascos rotos, corregir anormalidades resultantes del uso excesivo o de trabajos anteriores mal hechos, y pueden corregir cualquier problema de herraje que un caballo pueda estar experimentando. La labor del herrador de caballos es un trabajo difícil y agotador, pero absolutamente esencial para mantener y garantizar el bienestar de cualquier caballo.

El tema de herrar a los caballos ha sido objeto de un gran debate a lo largo de los años, y es probable que siga dividiendo bandos en los años venideros, aunque el paradigma está cambiando ciertamente en la dirección de no herrar.

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Desde un punto de vista histórico, el herraje se popularizó por necesidad. Una vez domesticados, los caballos se utilizaban como principal medio de transporte y como trabajadores agrícolas, y esta carga de trabajo exigía algún tipo de protección contra el riguroso abuso que sufrían los cascos de los caballos a diario; de ahí la introducción de la herradura, y con ella nació la necesidad de los herradores de caballos.