Considerado uno de los fenómenos más misteriosos y fascinantes de la psiconeurología, tema de estudio y fuente de inspiración para películas de todo tipo, el sonambulismo resulta ser una auténtica pesadilla para los padres aprensivos. De hecho, este trastorno del sueño se presenta con mayor prevalencia en la infancia, afectando hasta al 17% de los niños entre 4 y 12 años, pero con una disminución progresiva a medida que avanza la edad.

Pero vayamos en orden e intentemos comprender el problema en profundidad, analizando sus diversos aspectos.

Síntomas

Los síntomas del sonambulismo

Aunque el término sonambulismo significa “sonámbulo”, el sonámbulo no siempre se levanta de la cama y camina. Más a menudo sucede que realiza gestos complejos y repetidos como vestirse y desvestirse, abrir y cerrar puertas, encender y apagar la luz, no guardar ningún recuerdo del episodio. Sus ojos están comúnmente abiertos, pero la mirada está ausente, a veces el niño habla solo, articulando mal las palabras (somniloquio).

Los episodios de sonambulismo suelen ocurrir en la primera parte de la noche, la que contiene los recuerdos más claros, es decir, después de la primera media hora de sueño y dentro de las primeras 3 horas (sueño no REM); rara vez ocurren durante las siestas diurnas. Suelen durar unos minutos, apenas superan la media hora.

Para poder decir realmente que el pequeño sufre de sonambulismo, la frecuencia de estos episodios debe ser al menos mensual, mientras que las manifestaciones esporádicas de este trastorno, anualmente, por ejemplo, no deben alarmar.

Causas

En los niños, el sonambulismo está vinculado al encuentro de una predisposición genética con las delicadas etapas del desarrollo emocional y psicológico. Los episodios ocurren con mayor frecuencia junto con períodos de cansancio, estrés emocional (como comenzar la escuela), cambios en el entorno (como una mudanza), pero también durante estados febriles. En general, estos comportamientos se remontan a la manifestación del intento de reelaborar las tensiones y emociones propias de la infancia.

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Remedios

Como ya se mencionó, los niños generalmente se recuperan a medida que crecen, sin necesidad de terapias especiales. En cualquier caso, es bueno tomar algunas precauciones sencillas, sobre todo para evitar que el pequeño se lastime.

De hecho, los accidentes domésticos durante los episodios de sonambulismo son frecuentes, por lo que se recomienda a los padres que hagan la casa lo más segura posible, por ejemplo, bloqueando puertas y ventanas, cerrando el acceso a las escaleras, eliminando cualquier obstáculo presente en la habitación del niño, como juguetes peligrosos.

Abordar cada episodio de sonambulismo con dulzura y tranquilidad es la primera regla: si es cierto que un despertar brusco puede resultar traumático para el niño que hace gestos inconscientes, es para disipar la idea de que despertar a un sonámbulo es en rigor arriesgado.
En segundo lugar, es necesario crear de manera lúdica un ritual que preceda al sueño, como cantar una canción o leer un cuento. También es importante respetar los horarios que dan regularidad a la vigilia y al sueño.

Finalmente, recuerde que, como siempre, la tranquilidad de los padres al enfrentar el problema corresponde a la tranquilidad del niño, necesaria para un sueño de descanso para toda la familia.