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Las situaciones de estrés, ansiedad o, como veremos más adelante, los problemas psicógenos de diversa índole pueden comprometer la reacción sexual (y, por tanto, también el placer sexual) del mismo modo que los problemas de carácter orgánico.

Una disfunción eréctil, por ejemplo, podría señalar la presencia de un cuadro depresivo así como una reacción de evitación, de tipo ansioso, hacia el sexo o hacia la implicación emocional en la relación de pareja.

– El síntoma sexual que aparece en una nueva relación después de un periodo sin problemas sexuales con otras parejas pondría de manifiesto el miedo a la dependencia erótica de otra persona, por lo que pueden desencadenarse mecanismos defensivos que lleven al sujeto a creer que es demasiado peligroso “dejarse llevar”.

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Otros expertos, sin embargo, entienden la ninfomanía como una forma de trastorno obsesivo-compulsivo, refiriéndose a esta condición como una expresión de compulsión (en este caso, de naturaleza sexual).

La ninfomanía también podría interpretarse como el producto de factores ambientales, prejuicios culturales y otros contextos, como el abuso a lo largo de la vida o la exposición a contenidos sexuales.

La psicoterapia individual ofrece los medios para controlar el impulso incontrolable de practicar y pensar en el sexo, actuando sobre la adopción de comportamientos alternativos y sobre el círculo vicioso que alimenta la ninfomanía.

El término científico “parafilia” (del griego παρά – más allá – φιλία – amor) define el conjunto de comportamientos sexuales que no tienen nada que ver con el acto sexual canónico de la reproducción: las personas que padecen parafilia y se someten a psicoterapia para tratar este tipo de comportamientos son…Leer

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Cuando llevamos las tensiones y presiones de la vida bajo las sábanas, el resultado es el fracaso, que corre el riesgo de crear un círculo vicioso que amplifica el estrés. Entrevista con Chiara Simonelli, sexóloga de la Universidad de la Sapienza de Roma y presidenta de la Sociedad Europea de Sexología

Tiene un efecto negativo sobre el deseo, que es el primero que se ve afectado, pero también sobre la excitación. Sin embargo, en la jerga coloquial actual se abusa del término estrés. Aquí se trata de la fatiga y la tensión prolongadas resultantes de problemas que duran tanto que provocan cambios somáticos no sólo en la sexualidad sino también en muchas otras funciones (por ejemplo, el sueño, la nutrición, el estado de ánimo). Un poco de estrés, circunstancial y temporal, es en cambio fisiológico si se experimenta en relación con un acontecimiento concreto (un examen, una mudanza, la pérdida de una relación).

Ciertamente, la ansiedad por el rendimiento y la ansiedad en general no ayudan a la sexualidad: conocer a otra persona y dejarse llevar por el placer propio y ajeno requiere que tanto el hombre como la mujer sean capaces de desprender su atención del mundo exterior, sumergiéndose en la experiencia que están viviendo. Si una persona no apaga su teléfono móvil, se expone a malas consecuencias, como estar demasiado centrada en su propia actuación, esperar dar una buena impresión pero rumiar situaciones anteriores sin éxito o imaginar comparaciones angustiosas con otros hombres o mujeres, o incluso con los modelos que propone el porno.

¿Por qué todo le sale mal? (Ley de atracción del gafe)

Muy a menudo, mis pacientes me dicen que tienen poca energía, que duermen mal (se despiertan con frecuencia por la noche), que tienen acné o dermatitis u otras manifestaciones cutáneas, hinchazón abdominal: éstas son sólo algunas de las quejas que pueden acompañar a una caída de la libido y que son las señales de alarma de un desequilibrio hormonal.

La causa varía de una persona a otra, desde la tiroiditis de Hashimoto hasta niveles elevados de cortisol, disruptores endocrinos como el bisfenol A contenido en los plásticos, pesticidas, ropa antitranspirante, etc.